CITANDO A UNA AMIGA
Julia Ufano Romero | Juls

4.2/5 - (12 votos)



Mañanas de Bummble, noches de Tinder. A veces té matcha en el sitio de moda de siempre y a pasar, pasar, pasar, hasta hacer match. Solo usaba esas dos Apps, porque le daba cringe usar Hinge, hasta que le dio la oportunidad, ¿qué podría pasar? Otra vez más que podría ser lo de siempre, una cita tras un creativo “Hola, ¿qué tal?”. Miró en el calendario, ¿qué día era?, 1 de marzo, San David. Buscó en su lista de interminables matchs de entre todas las Apps y le escribió al primer David que se le había presentado. “¿Un café en el centro?”, David aceptó. Ella se duchó, vistió y maquilló. Tras salir de casa, nada más llegar a la parada de autobús, llegó el que iba para el centro, y para su sorpresa, al subirse ¡se enamoró!

Todo el trayecto habló con una chica que había a su lado. Le contó que iba para una cita, pero que citando a una amiga suya “las citas programadas no sirven para nada, mejor las improvisadas”, y que no tenía nada de ganas, que si mejor le apetecía tener con ella una primera cita improvisada.

Tras llegar a casa esa noche, borró todas las Apps, porque a diferencia de lo que se supone que es una cita, “un encuentro programado con alguien”, sentía que había tenido una cita aun siendo improvisada, y de las de verdad, de esas en las que te centras en conocer a la persona que tienes en frente y no en pensar lo que vais a hacer cuando terminéis de hablar y/o de cenar.

Y en estos días en cuanto a “citas”, quizá el quiz está ahí.