Citas con lluvia
Jorge Serrano | JASA

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Que horror salir cuando llueve, pero cuando llevas meses concertando una cita es difícil decir que no por un poco de agua. Tampoco me parece motivo menor, estar sentado tanto tiempo con la ropa calada no es lo más agradable del mundo. Y sin mencionar que cualquier brisa que pueda pasar que vergüenza estornudar cuando estemos frente a frente. Es verdad que un paraguas lo arregla todo, pero luego tienes que cargar con él, y encima mojado, que lo tienes que llevar en la mano sí o sí. Ya en el último mes he perdido tres paraguas, y no me apetece que hoy sea el cuarto. Bueno esas cosas es mejor no pensarlas, pero antes de salir hay que arreglarse a conciencia. Especialmente los dientes que siempre quedan muy vistosos y llegar con mal aliento fatal, fatal. Igual lo de quedar bien en las primeras citas siempre me exaspera un poco porque no es sostenible en el tiempo ¿si hoy me arreglo un montón, pero mañana me quiero poner un chándal? Es que no es una versión realista de mí. Pero bueno hay que mantener las formas, supongo. Y encima ¿para qué me voy a arreglar si voy a estar hasta arriba de agua por la lluvia? En fin, como decía la yaya al mal tiempo buena cara. Y mucha que iba a necesitar, no solo por clima, sino por los nervios de cita. Es que nunca sabes que te vas a encontrar, puede ser maravilloso, o, puede que tu peor pesadilla sea tener que repetirlo. Bueno suele ser más lo segundo que lo primero, por lo menos en mi caso. Será que no he tenido suerte suficiente. Total, que con mi futuro cuarto ex paraguas salgo y empiezo a andar. No hay mucho viento, que siempre se agradece. Pero si que hace un frio polar, ya no puedo dejar de pensar en los estornudos. Ya a medio camino, cuando definitivamente veo que no llevo pañuelos encima, me hago la pregunta que me lleva rondando desde que vi la ventana en la mañana ¿será que simplemente no quiero ir? Pues claro que no, con lo bien que estaría en cama con una manta y una peli. Pero ya estoy aquí, llegando al dentista, porque como siga con el dolor de muelas no habrán palomitas ni manta que me hagan preferir estar en casa.