577. CÓDIGO PIN
Mar García Pérez | M. García Teirá

Hay nubes, pero no parece que vaya a llover. No llevaré el paraguas. Tomaré café con churros en el bar de la plaza. Tengo cita con el médico y es tarde, pero aquí las prisas las llevan con calma.
— ¿Qué te debo Sebastián?
— Lo de siempre.
— Te pago con tarjeta. Vengo sin calderilla.
— No funciona, Benito.
—Mira que eres torpe. Te pago mañana que hoy voy “atropellao”.
Suena la alarma del móvil. En este teléfono tan moderno que me ha regalado mi hijo me dicen hasta los buenos días. Es curioso, pero me hace compañía en el camión. Paso muchas horas ahí dentro. La chica hasta cuenta chistes. Qué simpática.
Menuda capa de mierda tiene el coche. Debo poner gasolina. Ayer me olvidé. Estos despistes míos no hay quien los entienda. ¿Será esa la causa por la que me abandonó mi exmujer? Aún hoy no sé por qué. No lo voy a pensar porque me sale humo de la cabeza.
Una llamada. ¡Joder! ¿Cómo se descuelga esto? Mi hijo debió darme un cursillo completo. Nada que ver con mi móvil anterior. Esto de pasar tantas horas en el camión me tiene un poco aislado del mundo. Así me pasa lo que me pasa y eso que lo recorro de arriba abajo.
Ya descolgué.
— ¡Dígame!
No contestan. Solo suena una musiquita. Lo que me faltaba, con la prisa que tengo.
¡No puede ser! Se ha encendido la reserva. Necesito llegar a la gasolinera.
Por fin.
— Hola. Sin plomo, por favor.
— Claro. ¿Tarjeta o efectivo?
— Tarjeta.
— Lo siento. Me advierte que está denegada.
— No puede ser. ¿Ahora qué voy a hacer? No llevo dinero y el depósito seco.
— Lo siento.
Qué pesadilla. El tiempo se me echa encima. Abriré la aplicación del banco, tal como me enseñó mi hijo, a ver qué pasa. ¡No funciona! Esto es el caos. Le llamaré.
No contesta. Estará ocupado. Me tiro de los pocos pelos que me quedan.
Intentaré llegar a la próxima gasolinera. Esto de tener que ir al otro pueblo a hacerme una radiografía tiene narices.
El coche pega trompicones. Necesito parar. No llego. Me da un infarto seguro. Soy un tío hecho y derecho, pero me entran granas de llorar. Ahora chispea y yo sin paraguas. Llamaré a la grúa y si no lo consigo me tiraré por el barranco. Ojalá pasara el tío Venancio con su tractor.
Veo venir a la guardia civil. Y la itv sin pasar. Soy hombre muerto. Llueve, tengo frío y estoy cabreado, pero soy hombre muerto. Tierra trágame.
Aquí estoy tirado y con multa. Menos mal, la grúa ha dejado el coche en la gasolinera y me daré un “agradable” paseíto bajo la lluvia hasta el pueblo.
Ya estoy en el banco.
— Buenos días, señorita.
— ¿En qué puedo ayudarle?
Le explico todo de “pe” a “pa”.
— ¿Ha comprobado si tiene los datos activados?
Mi cara es un poema. Mis carrillos, tomates fritos y quiero irme. Miro el móvil y me dan ganas de hacerlo añicos. Y aún son las diez.