COMO MI REINA QUE ERES
Anacaona Lora Pérez | Boyero Nos Perdone

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La larga y hermosa melena rubia de Candela, se mueve con la suave brisa que se ha levantado y cae sobre su uniforme veraniego de “La sección femenina”. Camina del brazo de Abelardo, más niño que ella, los rizos azabaches de su pelo, bien peinados, la mirada serena y noble, le dan aspecto de hombre seguro, con pantalones cortos del uniforme del internado, camisa remangada con gemelos dispares. Hacen tal pareja que la gente al cruzárselos los mira maravillada. Ambos parecen felices.



_ ¿Vas a venir a vernos ahora que vuelves a Málaga?_ Abelardo intenta disimular su tristeza.



_Parecía que no iba a terminar nunca.



_Hubieras acabao mucho antes si no te hubieran castigado tanto y hubieras hecho bien los exámenes en lugar de escaparte.



_Había que hacer negocios y tampoco quería dejaros solos… No había caído_ le mira pícara_ Es la primera vez que no salimos los tres; estamos tú y yo; sin mi hermano; tu compadre.



Abelardo sonríe henchido de orgullo, llegan a una tienda de deporte. Los ojos azules de Candela se encienden.



_Quiero llevarme algo para diario; bonito y cómodo.



Candela se mete con prendas en el probador.



Abelardo, desde fuera, con orgullo



_ ¿Vas a ir a la universidad? Eres muy muy lista.



_Voy a seguir con mis negocios y a trabajar en el chiringuito de un extranjero, que trabaja mi hermano mayor. Los libros no me van.



_Pero con lo bien que dibujas puedes hacer Bellas Artes…



_Voy a trabajar, tener negocios y ganar mucho dinero.



_Pa que no nos falte de ná. Yo también voy a trabajar mucho. Pero tú, siendo mujer y paya, puedes seguir estudiando.



Candela sale del probador con un conjunto de pantalón corto y camisa de tirantes. Sonríe.



_Entonces, me vas a mantener tú. ¿Cómo me queda?



ABELARDO la mira hipnotizado. Las personas de la tienda la observan de igual manera.



_Te voy a tener como mi reina que eres. Te queda espectacular. Llévatelo.



El dependiente asiente con la cabeza.



_Su novio tiene razón, señorita, le queda muy bien.



Los dos niegan a la vez, lo que parecen desear



_No somos novios.



El dependiente se asombra y aprovechando la ausencia de Candela, mira con reproche a Abelardo



_Lo parecen.



Abelardo saca su cartera.



_Cóbrese el conjunto; se lo voy a regalar.



_Llévatelo como un regalo de pedida para los dos. ¿O vas a esperar a que te la quiten, muchacho?





Cae la tarde, Abelardo sale a hurtadillas del internado y se cuela en el edificio de enfrente; la residencia femenina, “La Ejemplar”. Los pasillos con motivos religiosos, están desiertos. Camina con urgente cautela.



Tras una vieja librería, empuja un espejo que se abre a una habitación.



Candela tumbada sobre otro muchacho, de su edad.

En el suelo, el conjunto deportivo de Candela, se mezcla con un uniforme como el de Abelardo, que llora en la puerta.

_ Candela; así seas su novia, eres mi reina





Anacaona Lora Pérez