Cómo nace una familia
Sabrina Haboba | Casandra

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Bajamos del avión en Santiago como quien desciende a un universo anterior. En el asfalto nos tropezamos con las raíces que buscando espacio habían llevado al padre de mi hijo a cruzar un océano y a encontrarse conmigo, una mujer de otros buenos aires, también buscadora de un suelo donde florecer. Dos migrantes de Madrid, que pisamos suelo chileno para alzar en los brazos al retoño esperado, al bebé que nos lleva a casa, a la casa de la familia del padre. A la casa de la familia del padre, y ahora del bebé, y ahora entonces mía también. 

Nos esperan en el patio del fondo, sentados delante de una buganvilla color rosa que lo invade todo y trepa por el cemento de la medianera hasta encontrar un poco de sol en las rejas de la habitación de un sobrino. El mirto está escondido detrás de un naranjo que crece y crece y busca tapar la Cordillera de la Costa como si eso fuese posible. Hay olor a jazmines y no sé de dónde viene. Tengo a mi bebé sujetado en mis brazos, lo siento sobre mi falda, y Lola, una perra cachupina y bajita, se cuela por mis piernas y le chupa un dedo. Esa familia, a la que estoy conociendo por primera vez, empieza a gritarle a la perra que se vaya, que cómo se le ocurre, que hay que cuidar al bebé. Lola se va, y unos instantes después se acerca a mi lado, coloca las patas para adelante y agacha la cabeza. En mi primera cita con esa familia, Lola me pide perdón.

Para todo hay una primera vez. Vi como mi hijo agarró algo por primera vez, su sonajero blanco, con forma de estrella y platillos rojos. Vi como sus dedos se entrelazaron en el anillo de plástico para hacerlo sonar.

Vi como pataleó en el agua por primera vez, y vi también cómo supo que podía patalear en el agua por primera vez, su cara de descubrimiento, los ojos de poder, que son los ojos de poder hacer.

Vi el momento exacto en que nace una familia, cómo se ensambla, cómo se heredan los gestos (y los problemas), vi cómo se reconocen. Vi cómo ahora ellos van a ser nosotros para siempre. Vi cómo sus historias, van a ser nuestras historias. Vi cómo voy a tener otro motivo para explicar lo que nos pase. Vi la manera en que la memoria familiar va a ser la memoria de mi hijo. Vi cómo los mitos fundantes van a ser mamados por mi hijo bebé, vi el momento exacto en que se me hereda un pasado. Vi cómo nace una tribu, vi cómo lo olieron para conocerlo y dijeron “éste es de los nuestros”. Vi cómo me miraron a mí y me estudiaron y me dieron la condición de familia. Juro que lo vi.