434. COMPAÑEROS
RUBEN LUIS ALBA | De La Fontaine

Nos conocíamos desde siempre, íbamos juntos a todas partes, éramos inseparables, y disfrutábamos el uno del otro, charlábamos y reíamos y nos gustaba salir de excursión, luego volvíamos cansados de todo el día y parábamos en algún bar a tomar un refrigerio.
El era un poco alocado y algo irresponsable, pero yo siempre estaba a su lado para aconsejarle, oye esto no es así, esto no puedes hacerlo de esta manera, tienes que tener más cuidado con lo que dices y sobre todo con lo que haces.
A veces me hacía caso pero la mayoría de las veces era como si oyese llover y yo tenía que insistirle para que comprendiera los consejos que le daba, a todo me decía: sí Pepe, ya sé que tienes razón, no te preocupes tanto con los consejitos de marras, no los echo en saco roto, que valoro tu buena intención y sé que lo haces por mi bien, pero no puedo remediar este comportamiento mío y según lo estoy haciendo automáticamente pienso: ahora vendrá Pepe con sus enseñanzas a reprocharme que no hago lo que me dice.
Seguimos con nuestro quehacer, siempre juntos, pero un buen día, noté que su estado de ánimo había decaído y no tenía ganas de moverse de casa. ¿Te pasa algo?. No me encuentro muy bien, la verdad Pepe, me siento como flojo, a lo mejor con un paseíto se te pasa o por lo menos te animas un poco. Hoy me voy a quedar en casa y quizá mañana me anime, pero de momento me apetece más la cama.
No quise insistir por no ser pesado, eso sí le di unos buenos consejos para que aprovechara el descanso, mira Pepe no seas plasta con los consejitos y déjame descansar. Le deje tranquilo y deseándole buenas tardes cerré la puerta.
Al día siguiente volví y le encontré peor, le observé más detenidamente y noté que le había salido un
sarpullido por el cuerpo, eran como unas pequeñas hendiduras circulares, como las marcas que deja la viruela.
Esto parece muy raro, voy a llamar para que vengan a verte, no me gusta nada el aspecto que tienes.
No, no hace falta debe de ser una intoxicación, me voy a tomar una infusión de hierbas y veras como mejoro.
Volví al día siguiente y la cosa había empeorado sensiblemente, llamé al médico sin consultarle nada a él, cuando llegó y vio el panorama me dijo que inmediatamente lo llevara a urgencias, dicho y hecho, nada más llegar le hicieron unas pruebas y lo ingresaron rápidamente, el estaba asustado y me dijo, cogiéndome de la mano, ¿que me pasa Pepito?, tranquilo le dije, estas en buenas manos y van a ver que es lo que tienes.
Estuvo ingresado tres días durante los que fue empeorando y al final falleció… La carcoma lo había devorado, yo con lágrimas en los ojos y tomándole la mano le dije: Adios amigo Pinocho, nunca te olvidaré y mi alma de grillo se sintió desconsolada…