447. CON EL OJO DERECHO
Nuria Hernández García | Reina aborigen

El encargado de la selección me estrechó la mano mientras con la otra sostenía una taza de café, y entonces la lentilla saltó de mi ojo, pero ya era tarde. Pasamos a un cuartucho lleno de manchas en la pared y el hombre se molestó al sentarme.
– Ésa es mi silla, señor –dijo
— Disculpe
Di al menos una vuelta tocando los bordes de la mesa, tirando sin querer una bandeja llena de papeles que volaron por el aire.
— Disculpe, disculpe.
Traté de ayudarle a recoger pero tropecé con su rodilla y su grito fue tal que hasta la secretaria entró. Del susto, acabé cayendo sobre él, que aún no había soltado la taza de café, y ésta se derramó manchándolo todo, papeles, la camisa del hombre, la mía y los zapatos de la secretaria.
— ¡Vanessa—exclamó, iracundo— traiga algo para limpiarme por favor!
Ella salió otra vez, asustada. A pesar de ello, vi cómo él se levantaba y me tendía la mano para ayudarme a levantar, pero cuando la sostuve resultó ser una cartulina que él trataba de rescatar del desastre y a la que planté mis dedos manchados mientras me caía otra vez.
El hombre comenzó a enrojecer y antes de que saliese sonido alguno de su voz llegó la secretaria y comenzó a esparcir desodorante en su camisa.
— No haga eso —le dije— el desodorante solo funciona con las axilas
— ¡Cállese! —me gritó él visiblemente nervioso— ¡es spray quitamanchas!.
¡Y váyase de aquí inmediatamente!

Comprendí que había perdido la oportunidad y quedé francamente desilusionado. Entonces me afané en buscar mi lentilla, arrastrándome cuidadosamente por el suelo.

—¡¿Pero que está haciendo ahora?!— Profirió él. —Vanessa, ¡Llame a seguridad!

Llegaron dos bultos que imaginé eran los de seguridad.

— ¡Quietos, ni un paso más, es de vida o muerte! — grité
— ¡Oh, va armado?! — No sé quién lo preguntó ni por qué, pero de pronto escuché gritos y empujones y me dejaron solo en aquella habitación.
Feliz, a pesar de todo, ya la tenía de nuevo y sin pisotones, intacta. Teniendo un ojo de cristal, ella es lo único que nunca debo perder cuando salgo a la calle.