CON SÓLO DOS CITAS
MARÍA O´DONNELL ARMADA | LIBRA

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Él sigue en mí, pasen los años o las estaciones. Caiga la nieve o sea tiempo de verano, él permanece. Anda rondando mi vida, se acerca a mi ciudadela pero no la conquista.

Es intenso, oscuro y amargo, como el chocolate negro. Ayer, una amiga le calificó de críptico. Creo que ha dado en el clavo. Ese hombre tiene un halo de misterio y una pena nueva que carga como puede, escondiendo su dolor en el ruido y atrincherándose tras una coraza que ha construido a lo largo de los años. Rara vez se deshace de ella.

Sé que está en guerra consigo mismo y que aparta a las personas que le quieren. A mí me ha borrado de su lista: soy un peligro en potencia. Con dos cenas logré bajar su guardia y eso no le gusta.

No conozco a sus amigos, pero sí a sus detractores. Hablan así porque no han atravesado su muro. Si lo hubieran hecho, callarían. El hombre de octubre no es lo que parece, me ayudó cuando más lo necesitaba.

Congeniamos pero no me quería cerca, por eso me despidió. Pero antes de hacerlo, me dejó asomarme a su alma. He tratado de describir ese momento muchas veces, pero no encuentro las palabras.

Sólo sé que mi hogar está en el paisaje de esa mirada y que hasta que no vuelva allí, vivo en el exilio.