CONOCERSE ANTES DE VERSE
Enric Sanchez Ruiz | Enric Sanchez

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Hacía tiempo que Marta y yo solo éramos compañeros de piso. Las risas en la calle, las charlas interminables y los besos apasionados se habían terminado hacía meses. Dice un proverbio japonés que cuando alguien se marcha ya hace tiempo que se fue. Me preguntaba cuándo se había ido Marta. Qué día decidió dejar morir lo nuestro. Quizá en aquel viaje a Ibiza con sus amigas o la noche que llegó tarde y nerviosa de una cena de empresa. No sé cuándo se fue por primera vez, pero sé que hace dos semanas se marchó definitivamente.



No tengo ganas de salir, ni de quedar con nadie, pero me he bajado una aplicación que te conecta con gente de tu ciudad porque la otra opción era pegarme un tiro en la cabeza o, algo peor, irme a vivir a Bali. Necesito entretenerme un rato y me gusta la filosofía de esta app: “Conocerse antes de verse”. Recuperar las citas a ciegas y la emoción de encontrarse en persona. Me abro el perfil con más mentiras que ganas y hablo con varias chicas. Descarto a las Martas por una especie de duelo absurdo de nombre. Casi todas son bastante aburridas y las conversaciones no prosperan. Cierro la app. Mañana será otro día.



Es domingo y me despierto tarde. Veo en el móvil una notificación de la app de citas. Una tal Laura me ha escrito hace un par de horas. No sé si responderle a alguien que madruga un domingo, pero decido darle una oportunidad. Sorprendentemente la conversación fluye. Doy el paso y le propongo a Laura quedar. Me dice que tiene la semana complicada y acordamos vernos la siguiente. No la conozco de nada pero siento cierta ilusión.



He estado hablando con Laura toda la semana y hemos aguantado sin mandarnos ninguna foto. Es de Galicia pero hace un año que vive en Madrid, trabaja en marketing y tiene cinco años menos que yo pero el mismo sentido del humor y muchas ganas de comerse la vida. Hablamos de sueños, de planes y de algún fracaso. No le hablo de Marta porque no quiero parecer un coñazo.



Hoy es el día. Esta noche voy a conocer a Laura. Hemos quedado para cenar en Lamucca de Pez a las nueve. Estoy nervioso y muy desentrenado. Llego primero. Veo varias chicas que podrían ser ella y de repente siento una mano que me toca por detrás. Me giro y es Marta. No me lo puedo creer, ¿qué hace ella aquí? La saludo nervioso y le digo que estoy esperando a alguien, pero se ríe y me dice que la estoy esperando a ella. Me cuenta que se puso Laura en la app por Laura Pausini y que se inventó una vida por si la cita no funcionaba. Nos reímos, cenamos, bebemos y nos preguntamos si funcionaría volver a intentarlo. Quién sabe. Quizá sea cuestión de mentirnos más o a lo mejor es que simplemente somos una pareja con muchos principios.