603. CONTAR UNA BOLA
Efraim Centeno Hernáez | Jacobo Calleja

Resulta que Anuka Sabrás, experimentada pitonisa de Sucre, Chuquisaca, y aprendiza de polka, presintió que aquella tarde recibiría una vista interesante. Así que decidió quedarse en su gabinete, merendando té de burbujas y no bajó al parque Simón Bolívar, como tenía por costumbre. A su madre le contó la bola de que tenía mareos, y la mandó a pasear a su mascota Solete, un cerdo vietnamita.
Como a Arquímedes Plaza, campeón regional de pinball de espaldas, y terraplanista en crisis, le extrañó no ver en el parque a Anuka, su media naranja, a la hora habitual, preguntó a su madre. La posible suegra, por tocarle un poco las bolas al muchacho, le dijo que no era cosa suya, y se alejó lamiendo con descaro un helado de cucurucho. Arquímedes sintió en el estómago un amasijo de celos y se largó del parque muy ofuscado.
Al marcharse Arquímedes del parque, su compañero Goku Redondo, diseñador de bolardos escamoteables y muy alérgico a las albóndigas, le sustituyó como delantero en el partidillo diario del equipo de fútbol aficionado Blastocitos. En la carrera para lanzar un penalti decisivo, se le subió la bola de la pierna izquierda, golpeó mal la pelota y falló.
Por culpa de la derrota, Sísifo Llamas, que unta su cabeza con elixir de cactus para no quedarse calvo (infructuosamente) y de niño hacía pompas con jabón de fregar y una pajita, perdió una apuesta, se fue por ahí a su bola para consolarse, y llegó a casa apestando a alcohol, olvidándose de actualizar el informe bursátil que sube a la red día tras día para la empresa Bolsamundo.
Debido a la omisión de Sísifo, la siempre eficiente subsecretaria de defensa argentina, Perla Matina, que elabora su propio queso Edam y cada otoño sueña que pilota bólidos, presentó datos equivocados en el discurso inaugural del Consejo Interoceánico que se celebraba en Pelotas, Brasil. En el cóctel, agobiada por su error, se le hizo bola un canapé de pez globo, y vomitó sobre varios invitados.
A consecuencia de este desafortunado incidente en las altas esferas, el general coreano, Yuan Gong, que colecciona bolas chinas por mera curiosidad intelectual, y que está pensando seriamente en hacerse una bichectomía, tuvo que esperar un traje limpio en bolas en los baños del hotel, y aunque normalmente es apacible como un adorno de Navidad, la timidez lo alteró, y ordenó desde su móvil un ataque aéreo, que inició un conflicto mundial.
Cuando vio en un televisor de la calle Colón imágenes de vuelos de misiles a nivel global, Leire Contando, que suele tocar el borrindo mientras trama manipular la lotería, sintió preocupación por su futuro hijo. Abandonó su paseo vespertino y se dirigió hacia un conocido centro esotérico para que le leyeran la bola de cristal.
Y así fue como, al empezar la tercera guerra mundial, Anuka Sabrás, experimentada pitonisa de Sucre, presintió que aquella tarde recibiría una visita interesante, y para no bajar al parque, a su madre le contó una pequeña bola.