1504. CONTRA-MUSLO
Pedro Muñoz Jiménez | Pedro

Cada bocado es un suplicio. No me gusta el pollo. De hecho, lo odio. Es, probablemente, el animal más desagradable que hay y su forma asada, en concreto, el peor estado. Pese a ello, aguanto la arcada y me trago la última pieza que queda en el plato.

– ¡Delicioso! – exclamo de forma demasiado forzada

– ¿Y a ti desde cuándo te gusta tanto el pollo asado? – me pregunta mi madre – De pequeño no podías ni olerlo

– ¿Qué dices, mamá? A mí siempre me ha vuelto loco. –

«Más bien perturbado»

Jamás me escucharán darle la razón a mi madre. Es algo que va en contra de mis principios. Basta que me diga que no puedo hacer algo para que, de pronto, se convierta en mi meta en la vida: ¿Qué no puedo teñirme el pelo? Pues me lo tiño del verde más fosforito que haya en la peluquería. ¿Que ir con los pantalones rotos es una ordinariez? Pues rasgo todos los míos, aunque estemos en pleno invierno y las temperaturas no superen los 0°C. ¿Que estudiar arqueología, la carrera de mi tío Luis (a quien mi madre no traga) no es más que una pérdida de tiempo? Pues ya sabía en qué matricularme, aunque hubiera suspendido la asignatura de historia todos los años de instituto. Y no paré hasta sacarme la licenciatura.

No es porque sea un adolescente. En un mes cumplo los treinta y ya tengo pelo de sobra en los huevos. Es como un Hobbie. Hay gente a la que le gusta coleccionar cromos. A mi me gusta contrariar a mi madre.

– ¿Sabes lo que son los bitcoins? – me pregunta desde detrás del periódico

– Una especie de moneda virtual – contesté mientras limpiaba el plato, evitando cualquier contacto de la comida con mi piel – Al parecer hay gente que se hace de oro con ellos.

– ¿Y qué tiene que ver eso con los emúes?

– ¿Qué dices, mamá?

He conseguido limpiar el plato. El estómago deja de darme vueltas poco a poco.

– ¡Mira que la gente es imbécil! Hay un chico de Barcelona que ha dejado toda su vida en España por irse a criar emúes en Australia porque, al parecer, le pagan en bitcoins. Pero si no son más que números en una pantallita…

– No sé mamá. Qué cada uno haga lo que quiera.

– Soy yo su madre y me voy nadando hasta Sidney para traérmelo a rastras.

» Qué temperatura hará en Australia?» Pienso mientras meto el plato en el lavavajillas. Aún queda pollo para la cena…