30. CORTANDO EL CABLE ROJO
Ignacio Moreno Garrido | Microalgo Marino

El Productor se parecía mucho a John Goodman, pero sin el «Good». Su médico le había quitado el tabaco, de modo que masticaba con rabia un puro apagado mientras intentaba cuadrar unas facturas antes de que se le viniera encima una auditoría que sabía inminente. De pronto, la puerta se abrió con violencia y en el despacho entró en tromba un guionista. La mitad de las facturas salieron volando de la mesa. El Guionista era clavado a Elvis Costello, pero sin ninguna de sus neuronas. Ni una sola. El Productor miró al Guionista como un pitbull miraría a un hámster que le hubiera escupido en un ojo.
—¡Lo tengo, jefe! ¡Atento! ¡Atento! ¡Jorge… Luis… Borges!
—¿Borges? ¿El escritor o el cantante de boleros?
—¿Hay un cantante de boleros que se llama así? —el Guionista era inmune al sarcasmo—. Pues no, el otro, el escritor. Pero escuche, lo de escribir y esas tonterías es una tapadera: en realidad, en mi guion es un agente de la CIA. La CIA son los buenos, claro.
—Claro.
—Y aunque es ciego de nacimiento, ha aprendido……
—Borges no era ciego de nacimiento.
—Detalles. Ha aprendido artes marciales en el Tíbet, como Kagemusha.
—Zatoichi. Pero…
—Lo que sea. Borges es un fiera de las artes marciales y, además, un hacha con las mujeres. Habrá que meter alguna escena tipo «sí, Jorge Luis, ah, oh, haz lo que quieras conmigo, que soy tuya, mfff, eres un animal, Jorge Luis, me tienes loca», pero sin que se vea mucho, porque tiene que ser para todos los públicos. Ahora viene lo bueno: su ultraenemigo es un comunista pagado por los cubanos, y es ese… ese argentino altote se que parecía a Tiburón, el asesino de las películas de James Bond… estooo… sí, hombre, ¿cómo se llamaba?
—¿Cortázar? ¿Julio Cortázar? —al Productor se le cayó el puro apagado de la boca.
—¡Ese mismo! Pues el tal Cortázar ese ha puesto una bomba para matar a toda la humanidad, y aunque Borges está herido por un puñal malayo, la desactiva cortando el cable rojo mientras grita «¡Viva la libertad!»…
—Qué vista, el ciego. Y la libertad, por supuesto.
—Sí. Y luego, herido y todo, se pelea con el grandote feo ese y lo tira a cualquier sitio en llamas, para que el malo muera entre alaridos.
—Lo normal.
—Así es. Y Borges no muere por la puñalada, claro, por si hay que hacer la secuela. Ah, la banda sonora la tiene que hacer alguien cañero y guay. Bad Bunny, o así.
El Productor recuperó el puro de la mesa.
—Lo veo, lo veo. ¿Puedo hacer una llamadita un segundo?
—Por supuesto —dijo el Guionista con modesta generosidad. El Productor marcó despacio, sin dejar de mirar al otro.
—¿Seguridad?

El primero en aterrizar en el asfalto fue el Guionista. Justo después aterrizó junto a él su guion.

Mal hecho. Un par de semanas después, la Disney compró el manuscrito, hizo un musical y batió todos los récords de taquilla.