371. CORTAR POR LO SANO
Sheila Acacio Andújar | Felicia Sanz

No es por justificarme, pero aquel individuo me crispaba los nervios. Los acordes de la armónica no sonaban especialmente melódicos, menos aún a las cuadro de la tarde. No paraba de soplar por aquel artilugio de metal sin respetar el descanso de los vecinos.
_¡Afilador y paragüero! -repetía incesantemente entrando en un bucle infinito.
Aquel día desperté con una jaqueca de mil demonios. Él no faltó a su cita de las cuatro, tocando el maldito instrumento sin compasión. Y a pesar de mis advertencias, no interrumpió su concierto.
La autopsia confirmó la muerte por atragantamiento.