445. COSAS DE LOS VIAJES EN EL TIEMPO
Gustavo Jiménez Limones | GusLemon

Jonás era un viajero del tiempo y sabía bien lo que decía cuando afirmaba que alterar el pasado es peligroso. Me habló del efecto mariposa, algo así como que si pisas una hormiga en el año 7 puede que cuando vuelvas al futuro la humanidad tenga el culo en la cara. Yo le repliqué que si pisaba una hormiga tendría que llamarse “efecto hormiga”, pero me dijo que no, que ya pisara una hormiga o le cortara las uñas a un mapache se llamaba efecto mariposa. Le dije que tendría cuidado, que necesitaba volver al pasado para decirle a mi otro “yo” que dijera “no” en lugar de “sí”.
– Entonces ¿solo quieres volver para decirle a tu “yo” del pasado que diga “no” en lugar de “sí”?
– Sí.
– ¿Para que diga “sí”?
– No, para que diga “no”.
– ¿No pisarás ninguna hormiga?
– No. No quiero tener el culo en la cara.
Finalmente le convencí. Me dejó su casco del tiempo, un artilugio metálico en el que bien se podrían escurrir unas acelgas, y me lo planté en la cabeza.
– El viaje dura una hora.
– ¿Una hora? ¿No veré luces de colores y caeré inmediatamente en un callejón donde nadie me pueda ver?
– No. Flotarás por el espacio-tiempo y sentirás un dolor indescriptible. Después caerás en medio de una vía de tren.
– Pues vaya chufa.
Jonás activó el mecanismo y comenzó mi viaje. Floté por el espacio-tiempo y sentí un dolor que era… era indescriptible. Cuando llegué al pasado escapé por poco de ser arrollado por un tren y me dirigí a la casa de mi otro “yo”. Por el camino pensé en mi misión. Si le decía a mi “yo” del pasado que dijera “no” en lugar de “sí” arreglaría su futuro, pero no mi presente. Yo regresaría a un tiempo en el que necesité viajar al pasado porque había dicho “sí”, mientras que mi otro “yo” cuando llegara a mi presente no necesitaría hacerlo porque ya habría dicho “no”. Por lo tanto, mi versión del “yo” no existiría en la línea temporal de mi otro “yo” porque este nunca habría viajado al pasado. Se crearía así un tercer “yo” en el pasado que volvería a decir “sí” en lugar de “no”, por lo que en su futuro necesitaría viajar al pasado creando un bucle en el que dirían lo correcto un “yo” sí y un “yo” no. Me pareció injusto para los pobres “yo” que iban a decir “sí”, así que me puse el casco y volví al futuro.
Cuando regresé mis peores temores se habían hecho realidad. La humanidad entera tenía el culo en la cara. En mi viaje debí pisar una hormiga, o una oruga, quién sabe. Yo era la única persona en el mundo con la cara en la cabeza, así que el Gobierno pensó que era un extraterrestre y me secuestró para experimentar con mi cuerpo. Y todo por no querer comerme una tortilla de patata con cebolla.