898. COSAS DE MATRIMONIOS.
Sergio Venegas Manzanedo | el Veni.

Mi mujer y yo estábamos pasando la noche en un hotel, eran casi las 2pm de la madrugada, mi mujer ya estaba dormida, cuando unas voces llegaban a nuestra habitación, desde el otro lado de la pared.
Aquellas voces decían algo así:
_¡¡Ya estoy cansada de tonterías Agustín!! ¡¡Ya no tengo edad para esto!!
_¡¡Tu ya no tienes edad para nada María!! -Respondió el hombre para mi incredulidad.
_¿ Y que quieres decir con eso Agustín? -Replicaba la mujer enfadada.
_Nada mujer, Nada.
_Agustín, ¿ tu aún me ves atractiva? -preguntaba la mujer con la voz algo apagada.
_¡¡yo te veo gorda!! – respondió el hombre. ¿ cuantos Kilos has engordado desde que nos casamos?
_¡¡ los mismos que pelos se te han caído a ti de la cabeza!! -replicó ella. Ya se que estoy gorda, pero…¿ qué puedo hacer? -añadió.
_¡¡ morirte!! ¡¡ ya veras que así te quedas en los huesos!!
Para eso entonces yo estaba de lo mas entretenido con mi oreja pegada a la pared que nos separaba, deseando que no dejaran de discutir.
El matrimonio proseguía con su discusión.
_¡¡ el día menos pensado me tiro por el balcón!! – Casi gritaba el hombre irritado.
_Tu mismo… ¡¡eso si!! ni se te ocurra romperme los geranios.
No podía evitar sonreír y acomodarme aun mas para poder escuchar mejor todo lo que se decían.
_¡¡ te advierto María que yo aún levanto pasiones!! -Le dijo amenazante.
_¿ A si? -preguntó ella muy extrañada.
_¡¡Si!! Esta mañana desayunando la camarera de dejaba de mirarme y sonreírme.
_¡¡ pues claro cariño!! -reía ella. ¡¡Yo también me morí de la risa cuando te vi la primera vez!!
A estas alturas, apenas podía contener mis carcajadas, las cuales intentaba disimular apretando fuerte mi mano contra mi boca.
Se hizo un silencio durante unos segundos, y de repente, volví a escuchar la voz de la mujer.
_Agustín, ¿ porque ya nunca me dices que me quieres?
A lo que el hombre respondió:
-¡¡¡ Porque mentir está muy feo María!!!
En ese momento ya no pude ocultar mis carcajadas, que resonaron por toda la habitación, y fueron las culpables de que aquel matrimonio dejara de discutir.