1536. COSAS NUEVAS
Andreea Ionita | Yolofly

Resulta que el otro día, mi yo y yo decidimos salir “por ahí” y acabamos entrando en un local donde entreví un cartel tipo póster que anunciaba un concurso de pequeñas historias de humor y que en caso de caer ganador había hasta un premio de 200€. He de decir que yo lo primero que vi cuando miré el póster fue el símbolo del euro y luego el mensaje con las bases del presunto concurso. Algunos dirán que es porque sólo pienso en el dinero, ansias del consumo, hiena capitalista, así y más, y la verdad es que ¡Qué razón tienen!
Entretanto, me di cuenta de que esa era mi oportunidad. Así de sencillo era aquello. Solamente tenía que escribir el mejor relato humorístico jamás visto por aquel jurado que iba a criticar, porque iba a criticar, obvio que positivamente pero eso es otra historia, ese relato que yo escribiría. Me resultó un tanto incómodo intentar escribirlo, más que nada porque yo carezco de humor y también porque yo soy una persona muy seria, pero no lo suficiente para no intentar de cualquier modo entretener a esas personas que lucharían a vida o muerte por leer mi relato.
Me puse a jugar con el tiempo y un lápiz pero yo no veía más allá de la definición de lo que es ser divertido. Cito algún que otro significado de lo que encontré: “alegre y de buen humor”. Ahí fue cuando comprendí que yo siempre fui divertido, pues yo sabía que las personas que van de alegres y de buen humor son las que en el pozo de su alma reside una tristeza condenada a no ser expuesta nunca. Y yo era una persona muy triste, cualidad innata sin más, y no hablaba, no hablaba porque un día leí que el que habla mucho, poco aprende. Nunca llegué a entender bien lo que quería decir eso pero me gustó y me lo apropié.
La cosa es que estuve intentando crear ese ensayo humorístico y humano, porque soy humano, aunque a veces (muchas), pienso que soy de otra especie, como quizá ustedes lo puedan pensar a veces. Esto yo lo deduje de las veces que mi madre me ha preguntado a lo largo de mi vida de adolescente “¿Y tú de dónde vienes?”. La cosa es que soy “como de otro mundo”, porque así lo eligió el destino y también, la poesía.
Queridxs lectorxs, jugué tanto con el tiempo que perdí el lápiz y no llegué a escribir el relato. Pero la vida te enseña, te enseña cosas nuevas, a mí cómo ser ordenado o ser feliz, por ejemplo. Déjenme decirles que desde ese momento he logrado transformar el tiempo en oportunidades para hacer de mí una persona más humana para este tipo de mundo, al que yo les avisé, que yo no pertenezco, porque soy “como de otro mundo”. También he comprado un nuevo lápiz y un portalápices.