Cosas que pasan a partir de las 2 de la mañana
Cristina Arroyo Marin | criistaaliinaa

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No sé ni por dónde empezar… nos teníamos ya más vistos que el tebeo, de esto que siempre acabas en el mismo puto antro. Y mira, ahí y en dos cosas más le doy la razón a mi padre y en eso de que a partir de las dos de la mañana no queda nadie bueno por ahí, tiene razón. Lo mejor de lo mejor se junta en el mismo after. Los personajes que hemos logrado resistir los estragos de la noche acabamos allí. Y sí, claro, nos habíamos mirado coquetamente, habíamos hablado mientras fumábamos fuera, habíamos bailado un par de bachatas… El día que marcó un antes y un después, me pidió mi número de móvil, y claro, se lo di. Y comenzó ahí una relación tonta por WhatsApp de darnos los buenos días y las buenas noches. Yo no le decía de quedar, aunque me moría de ganas, y él, no sé si moría de ganas, pero tampoco me decía de quedar. A veces pasaban los días y no habíamos hablado y luego con la excusa de cualquier estupidez, hablábamos durante un par de horas. Un mes estuvimos tonteando por escrito.

Eran las cinco de la mañana, sin talento… ¿Qué hacía yo de bares, teniendo que entrar a trabajar en cinco horas? Había bebido bastante, ¿Cómo no a esas horas?

Mi amiga, me dijo: “mira” y ahí, lo vi, avanzando hacia mí. Desde que wasapeábamos no habíamos coincidido. Parecía que estaba en una película. Venía decidido, avanzando, mirándome… y sin terciar palabra me agarró por la cintura y me besó. Yo no dije nada, ¿Qué voy a decir si llevaba como medio año esperándolo? me deje, ¡vaya si me deje! ¡Vaya pedazo de beso! Estuve estremeciéndome una semana cada vez que me acordaba. Y ahí estuvimos, ji, ji, ja, ja… por si tenía poco, me bebí un par de chupitos más. Sobre las 7 me dijo que se iba, que si nos íbamos juntos.

A esas horas ya habían vuelto a poner las calles, así que fuimos en autobús.

Me moría de vergüenza, se me había pasado bastante el pedo que llevaba por los nervios.

Ya en su casa, me dijo: “Espérame un momento”, y se fue de la habitación, me quedé allí de pie, no sabía muy bien que hacer… Me senté al borde de la cama, al rato me levante… estaba aburrida de esperar, mire el reloj, y vuelta a empezar, me senté, me levanté, me descalce… me tumbe un rato, me levanté para no dormirme, miré el reloj y vi que habían pasado 3 cuartos de hora, eran las 8:45. Salí a buscarlo, despacio, sigilosa… porque no sabía con lo que me iba a encontrar. Enseguida lo vi, dormido en el sofá descalzo, con vaqueros y sin camiseta.

Me fui de mala ostia y de portazo. De ahí directa a trabajar de resaca y sin dormir.

Y así fue la primera vez que fui a trabajar con las mismas bragas que el día anterior. Nada envidiable.