Cottonwood, el pueblo en el que nunca pasa nada
Oscar Paniagua Pérez | Pani

Detengo mi Ford Interceptor frente al rancho de la familia Stewart, compruebo que la chapa de ayudante de sheriff está bien colocada y bajo del coche mientras doy el último bocado a mi donut. No me doy prisa, es la tercera vez que el señor Wilson llama pidiendo ayuda, no está muy bien de la cabeza, pero esto es lo mas excitante que le puede pasar a un policía de Cottonwood, un pueblo en medio de la nada.
Me lo encuentro en el porche tumbado boca abajo, le tomo el pulso y compruebo que está muerto, todo indica que ha sido un accidente. Me siento en una silla, abro una cerveza que encuentro sobre la mesa y me quedo pensando.
Horas después mientras se lo llevan a la morgue, mi jefe habla con el forense para saber cuando tendremos resultados de la autopsia. El escenario que he montado para que parezca un asesinato dará vidilla al pueblo, puede que apareceremos en los periódicos.
Una semana más tarde recibo una llamada de Johnny, mi hermano mayor. El sheriff Sullivan se ha presentado en su casa para interrogarlo. Han encontrado restos de piel en las uñas del señor Stewart y aunque el forense cree que el fallecimiento se debe a causas naturales, el sheriff Sullivan quiere investigar por su cuenta. Johnny declara que el día del presunto asesinato discutieron por las tierras y llegaron a las manos. No hubo detención pero la noticia se propagó como la pólvora por todo Cottonwood.
Esa noche de madrugada recibimos una llamada, alguien escucho disparos procedentes del rancho de mi hermano. Al llegar nos lo encontramos tirado junto a su ranchera con un tiro en la cabeza.
– Dos asesinatos en una semana, ¿qué pasa en este pueblo? – me susurra el sheriff Sullivan mientras seguimos un rastro de sangre que nos conduce al granero.
De repente noto como algo me atraviesa el hombro, mi siguiente recuerdo es ver al sheriff Sullivan tratando de levantarme. Al recuperar la verticalidad podemos ver como Bernie Stewart nos apunta con su rifle.
Somos conducidos dentro del granero, Bernie está fuera de si, grita con ajusticiar la muerte de su hermano y me acusa de cómplice.
-Bernie, todo ha sido un montaje, yo lo simulé – confieso como prepare el escenario y los motivos que me indujeron a ello.
-Vosotros acabasteis con Wilson, pagaréis por ello.
Acerca la escopeta a mi cara, cierro los ojos y dejo caer el peso de mi cuerpo sobre él. Suena de nuevo un disparo, no impacta en ningún sitio, Bernie cae al suelo, momento que aprovecha el sheriff Sullivan para inmovilizarlo. Una vez controlada la situación levanta la cabeza y me dice;
– Sabes que no puedo pasar por alto tu confesión, ¿no? – sus ojos reflejaban decepción.
Aunque no hubiese dicho nada tenía claro lo que debía hacer si quería salir de esta. Recogí la escopeta del suelo y miré con tristeza a mi amigo el sheriff Sullivan.