79. CRUCERO AL NATURAL
Elena Romero Mateos | Helenita

En el crucero todo parecía estar en calma: música, luces de colores y deliciosos cócteles. La fiesta era un lujo que sólo los afortunados a bordo del gran “Luxury Captain” podían disfrutar alguna vez en la vida. Clara, estaba luciendo un vestido dorado repleto de transparencias con un escote llamativo, el cual, en términos generales resaltaba toda su figura semidesnuda. Pasadas las 00:00 de la noche, todos los asistentes se encontraban algo calenturientos y la joven no era la excepción. Es por ello, que tras comprobar que sus progenitores habían abandonado el evento, decidió acercarse al conocido marqués -no era el más guapo del barrio, todo sea dicho- que igualmente se encontraba en el barco saboreando la vida mientras bebía en la barra.
– Buenas noches, señor marqués. Le conozco, le he visto en la tele y he leído mucho acerca de usted. Perdone mis modales, mi nombre es Clara y tengo 24 años. ¿Puedo confesar algo? -susurrando al famoso caballero- Es cierto que, por un viaje en uno de sus aviones privados, una noche en una de sus adineradas propiedades y 21 cm erótico-festivos bajo las sábanas podría comprometerme con alguien como usted.

– Buenas noches linda muchacha. Lo que me dice suena realmente tentador teniendo en cuenta mi edad y mi aspecto. Sin embargo, ni mi Falcón personal, ni mi mejor Bugatti, ni una noche en el mejor complejo hotelero de una de mis cadenas turísticas con semejante belleza como vos, podrán hacer que me corte 10 cm bajo mis pantalones.

Clara se quedó petrificada, no sabía cómo reaccionar ante tales declaraciones. Había intentado engatusar a un adinerado no muy agraciado y le había salido el tiro por la culata. No se había recompuesto del shock, cuando, de repente, unas alarmas asustaron al personal. Momentos después, el lujoso Luxury Captain impactaba “a lo Titanic” contra otro barco de mercancías, dejando malheridos y mayoritariamente difuntos.
Afortunadamente, (depende de cómo se mire después de la conversación anterior) la muchacha y el marqués, junto con un jubilado que también disfrutaba sus vacaciones, acabaron en una isla como únicos supervivientes. Pasaron los días, y la comida que encontraban no era suficiente para calmar los placeres más carnales de los tres héroes. Fue entonces cuando Clara enfrentó el problema proponiendo tener “juega” erótico-festiva los días pares con el marqués Anaconda y los impares con el jubilado. No era ni por asomo el plan que se imaginaba la chica antes de comenzar su crucero familiar, pero en este mundo la capacidad de adaptación ante las adversidades es fundamental y las necesidades biológicas, junto con el instinto de supervivencia no os quiero ni contar… A pesar de las habilidades resolutivas de la joven, una infección se la acabó llevando por delante, dejando de esta manera a la pareja de hombres adinerados solitos y desolados o, en otras palabras: a dos velas. Lo que pasó después lo dejaré a merced del lector…hay muchas formas de obtener placer y como consejo: nunca olvidéis el instinto natural. Ni lo que mide una Anaconda.