140. CUCÚ
Leyre Abadía Sánchez | Mariela

CUCÚ
Me llamo Alma y hay muchos días en los que me cuesta respirar. —¡Pero si lo tienes todo! —me dicen. Pero no puedo evitar sentir que me ahogo.
El caso es que quiero salir, y salgo. Pero cuando salgo no quiero estar y me quiero ir. Es un no saber qué quiero y saber lo que quiero, pero cuando creo tener claro lo que quiero, no lo quiero. Y vuelta a empezar. En estos casos, me despido a la francesa. —¡Ahí os quedáis!— Ahora que…, según me estoy yendo, me pregunto: «¿Y para qué te vas? ¿Si estarás mejor ahí? ¿Qué vas a hacer en casa?» Y me digo: «No, no… tú vete para casa. Ahí tranquila». Solo con escribirlo, me agoto.
Hace unas semanas empecé de nuevo en terapia. Y lo de siempre: «Cuéntame, ¿por qué has decidido venir a terapia? ¿Qué buscas de este proceso?» Según escuchaba las preguntas, ¿sabéis lo que es un chorrazo de agua que por mucho que cierres el grifo sigue saliendo? Pues igual. Según me lo preguntó… ¡Ahí va chorrazo! Y vete tú a explicarle los porqués y para qué… ¡Imposible! Cuando conseguí calmarme, me preguntó: «¿Cómo te sientes?» ¡Madre mía! ¡Que cómo me siento! Pienso: «Pues, chica, devastada, arrollada, abrumada, extasiada, todo lo que acaba en ─ada». Me reiteró la pregunta: «¿Cómo te sientes?» —Bien —contesté—. Sí —dije—, bien. Se lo dejé a huevo para que pudiera preguntarme: «¿Define bien?» Y ya me pasé la última media hora pensando en cómo definir el “bien”.
Me canso enseguida de las cosas. Empiezo todo con unas ganas arrolladoras y cual suflé me vengo abajo. He sido un desastre para los estudios, y, a trancas y barrancas, he acabado estudiando Geriatría. ¿Y por qué? Pues porque siempre me he preguntado si los ancianos piensan en futuro. Esto es algo que a mí me inquieta, me perturba y me atormenta: el futuro. Creo que ellos deben pensar en futuro para tener esperanza. ¡Qué romántica soy! El caso es que creo que no lo soy, pero si me escucho desde fuera,…Tela. Lorca decía en una de sus obras —porque me gusta el teatro, otra tara que tengo¬— que el más terrible de todos los sentimientos es el sentimiento de tener la esperanza muerta.
Mis primeras palabras en el geriátrico fueron para Mariela: «No me mires si no quieres, no me hables, pero sé que me oyes. Estoy aquí, sobre todas las cosas, para quererte». Como podéis comprobar, romántica y empalagosa perdida. Como me diría mi amiga María: «Estás cucú». Creo que cucú del todo no estoy, que son los demás los que están cucús, pero igual yo soy la más cucú de todos, la reina cucú. Pero al instante me digo: «No, son los demás». ¡Ayyy! ¡Ya me vuelvo agotar solo de entrar en el bucle! Cucú.
Debo volver a mis asuntos. ¿Y si no vuelvo? ¿Y si……? ¿Y si……? Es broma. Tengo claro que vuelvo a mis asuntos para sentirme viva, cucú.