Cuéntala otra vez, Julia
Nerea Pallares Vilar | Siberia

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No has bebido. No puedes. No es profesional. Además, es tu primera vez. E igualmente ahí dentro te espera alcohol en grandes cantidades. Eso te han dicho. En tu cabeza se mezclan demasiados consejos de todas las que lo han hecho antes. Él es muy bruto, pero es bueno, tranquila, si te dejas guiar todo irá bien; te cuentan lo que les habría gustado saber a ellas el primer día. Suerte.



Entras enfundada en el traje y allí los ves. Uno tumbado y ya desnudo. El otro, el bruto, de pie. Fija su mirada en la tuya y con las pupilas dilatadas por la prisa y el ansia te dice, venga, que te llevo un rato esperando y éste también.



─Se muere de ganas de empezar.



El bruto se ríe muy alto de su propio chiste y el eco de sus carcajadas te da la dimensión exacta de lo que grande que es la sala, enorme y casi vacía. Aquello para él no es nada más que un trámite. El contacto con el cuerpo es frío. La carne desnuda, bajo los halógenos, se evidencia venosa y azulada. Comienzas a recorrer toda la piel del que está tumbado, te esmeras en cada pliegue. Muy bien, murmura en tu nuca el bruto, que sigue de pie, supervisando todos tus movimientos, tienes buena mano. El asco te tensa los tendones y él lo nota, relájate, que ibas bien, vamos a hacer que todo sea más cómodo, ¿sí? Y continúa él, con movimientos enérgicos que de tan repetidos le salen automáticos. Lo bueno es que éste no suelta prenda, ¿eh?, dice el bruto mirando al otro hombre y se ríe de nuevo, pero, amigo, ahora es el momento en el que te voy a poner… la inyección y cuando dice aquello te busca la mirada para guiñarte un ojo. Puaj. No sabes si vas a poder aguantarlo más. Pero sí, Julia, coño, necesitas el trabajo, te dices, no es cuestión de elegir. Y recuerdas las palabras de tus compañeras: el primer día es el peor, luego ya enseguida te acostumbras y solo es un cuerpo detrás de otro. Seguís durante un rato, él te va dando indicaciones a veces, de dentro, dice, cuando haces esto hay que sacarlo todo de dentro. Le pones ganas y de repente te sorprende notar que estás empezando a pillarle el punto. Te dejas llevar, entiendes de pronto el proceso. Vaciarse y llenarse de un líquido caliente que se expande por todo el interior. Ya lo tenéis. Cuando termináis, entre los dos, ayudáis a que se vista.



El resultado es bueno y el bruto está contento. ¿Sabes? Este curro no es para todo el mundo, pero en cuanto entraste por la puerta vi que tú eres de las que puede con todo. Enhorabuena. Estás triunfal y esta historia se convierte en una repetida después muchas veces. Tus amigos te dicen cuéntala otra vez, Julia. La primera cita con tu examinador. El día que te certificaste en tanatopraxia.