443. CUPIDO, ESCALDADO ENTRE BESUGOS Y TORTILLAS
SAGRARIO HERNANDO MARTÍNEZ | ARIADNA GAMAL

–A mí…como vampiro que soy…me gusta la sangre caliente, picante, con chispa… Encontrarla…es cuestión de química.

–¿Chispa a la hora de la verdad, o simpatía?

–No hay hora de la verdad sin chispa… Es una “conditio sine quanon”, un conjunto, un madurar, un hervir, un cocer…una especie de laboratorio de alquimia…Y reacción tras reacción…te puede explotar la ampolla… ¡Perdón!…No quería parecer grosero… Lo digo en serio…La hora de la verdad es una parte del todo, pero no es el todo, ni el fin…ni el principio.

–¡Oh, qué filosófico!

–Tras tantos años de noches oscuras…e insomnes…, no he tenido más remedio que reflexionar sobre mi condición de vampiro.

–Ya veo, pero los vampiros picantes, no tienen noches oscuras… ¡Digo yo! ¡Tanto calorcito y tanta explosión…!

–¡No hay placer sin sufrimiento, ni bien sin mal, querida!

–¿Por qué? Solo es una creencia…

–Cada hecho en sí mismo es lo que es… El placer es placer… y el dolor es dolor… Personalmente procuro no mezclar esos dos aspectos… Me refiero a que mi condición de vampiro libre y solitario tiene también su aspecto «yang».

–¡Me has dejado…! Tal vez, ese aspecto “yang” es que no te gusta ser solitario.

–Es más bien la certeza de no poderme completar como ser perfecto…No conozco ningún ángel caído que no sufra de su condición por su condición.

–Yo no conozco a nadie: ángel, demonio, ser iluminado, que sea perfecto o esté completo…

–Como cualquier ser de este y otros mundos…como, bebo…y vuelvo a tener hambre… y sed. No hay sangre que me subleve contra mi condición.

–Pero, el único momento que existe en realidad es el presente. No pasas sed, ni hambre, porque ese momento, de por sí, es pleno. ¿No será que eres un vampiro, porque en el fondo tienes un gran vacío de sangre?

–Ya…Pero, en este presente me encantaría poder posar mis colmillos sobre tu lindo cuello…y, por mucho que lo desee…no lo podré hacer. Mi necesidad de sangre…es constante.

–Yo no diría nunca de este agua no beberé… O este cura no es mi padre.

–¿Quieres decir que me dejarías oler el perfume de tu cuello, en una noche como esta?

–¡Quién sabe…!

–Tener mi boca muy cerquita de la tuya… podría ser una experiencia escalofriante.

–Posiblemente, pero antes tengo que hacer unas cuantas tortillas…

–¡…Perfecto!… Me encanta la sangre recién alimentada, rica en proteínas.

–Digamos que estas tortillas no alimentan como tal…

–Se me escapa el juego de palabras.

–¡Je, je, je! Nunca mejor dicho. ¡Yo quiero escaparme del juego!

–Tal vez “Santo Google” sabe algo de eso.

–Era un decir. ¡Me refería a romper…huevos! A romper «alguna manera de funcionar» para mí actualmente.

–¿Y, por qué tienes necesidad de romper esa manera antes de que pueda acercarme a ti?

–No tengo ninguna necesidad, pero tengo la posibilidad. ¡O no!

–¡Vos mandáis, mi reina!