CURRICULUM VITAE
Álvaro Serrano Candela | Niño Bravo

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Pedro examinaba su currículum pensando en si era escaso, adecuado o excesivo. Aquella mañana mientras terminaba de editarlo estuvo durante media hora decidiendo si inventarse algo, un máster con nombre en inglés que seguro nadie comprobaría, alguna experiencia de camarero en otro país. Su moral no se lo había permitido y ahora se arrepentía, a su alrededor, sus competidores lucían más preparados, más altos y más guapos.

Necesitaba ese trabajo, sabía que si volvía a casa sin él, su novia le dejaría. Eran demasiados avisos, demasiados cupones de descuento y visitas a la Cruz Roja. Intentaba convencerse, él era el mejor para el puesto, los demás eran demasiado jóvenes y seguro que con menos responsabilidades. Él tenía a su hija y su novia, no tenía aficiones así que podría dedicarle todas las horas extras que estuvieran dispuestos a pedirle.

Después de la primera entrevista, Pedro había ganado confianza, le habían dicho que estaba entre él y otro candidato. Al terminar, les pasaron a una sala más pequeña con dos sillas, una frente a otra. Él tampoco había pensado mucho en ese detalle ya que aún no se había sentado, daba vueltas por la habitación, suspirando. El otro chico, sin embargo, estaba sentado, sonriendo y con los brazos cruzados.

–¿Has pensado en lo que te han dicho al final?– le preguntó a Pedro.–¿A qué te refieres?– contestó descolocado. Mientras el otro le miraba sonriente, Pedro intentaba ganar tiempo con esa pregunta, ordenar su cabeza y averiguar si le habían indicado algo más. Que él recordase, sólo le habían dicho que estaba entre él y el otro.

–Pues me refiero a la pregunta de qué estarías dispuesto a hacer por la empresa– le dijo el chico tras un carraspeo.

–Ah, ya. No, aún no he pensado nada–le respondió él, molesto.

Después de esta confesión, se sentó. Necesitaba repasar la entrevista, entender por qué a él no le habían hecho esa pregunta y pensar una buena respuesta. Ahora se encontraban el uno frente al otro, el chico sonreía y Pedro intentaba disimular su frustración. Sin perderle de vista, se levantó y empezó a recorrer la sala: una maceta con una planta de plástico, un cuadro bastante feo y una mesita con una cafetera de cápsulas y vasos de cartón. Pasados unos minutos, la puerta por fin se abrió y el entrevistador entró a la sala: ¿sabéis ya qué estaríais dispuestos a hacer por la empresa?, preguntó.

Pedro miró al entrevistador y al otro chico, sin pensarlo dos veces arrancó la maceta de la planta de plástico y golpeó con ella al otro, un golpe seco que le hizo caer de la silla. El suelo de la sala comenzó a cubrirse con un pequeño hilo de sangre. El entrevistador, lejos de asustarse, miró a Pedro a los ojos mientras sonreía, le tendió la mano y le dijo que estaba contratado.