De primeras y últimas citas
Ruymán García Fumero | Ruymán García

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«- ¿Tienes miedo?

– No, para nada… pero no te voy a engañar, si que estoy nervioso.

– Pero ya sabías que nos íbamos a encontrar…

– Si, por supuesto. – pensó un momento como seguir la conversación. La mirada perdida más allá de su acompañante. – Es sólo que, en estos casos, uno nunca está preparado.

El local estaba vacío y a oscuras, salvo una luz que iluminaba suavemente, desde arriba, la mesa donde la pareja de sentaba.

Hacia años de su anterior primera cita. Aún se acordaba de ella… fue con la mujer con la que compartió casi cuarenta años de su vida. En aquel mismo restaurante, con más luz y repleto de gente, pero con la misma sensación de nervios por un futuro a corto plazo incierto.

Por su mente volaron recuerdos de ella y su vida juntos. Cada minuto había merecido la pena… Pero aquella primera cita había sido el momento más importante de su vida. Donde empezó todo para él.

– ¿Sabes? – preguntó a su acompañante. – recuerdo aquella primera cita con mi mujer como si hubiera sido ayer. La echo de menos, pero su recuerdo me ha hecho compañía durante estos años. – la tristeza apareció en sus ojos, pero aun así el recuerdo lo hacía feliz.

– Lo sé, aunque no me vieras, yo estaba allí. – respondió, pero sin acritud. En su voz había tranquilidad y sabiduría. – También sabía cuando tendríamos esta cita. Por eso elegí este lugar, para que te sintieras bien en un momento tan complicado para ti.

– No es complicado, solamente no es una situación que nadie desee. – sonrió, como queriendo tranquilizar a su acompañante, cosa que sabia, era totalmente innecesaria.

Se preguntó si ella había recordado esa primera cita en sus últimos momentos, antes de que su vida juntos llegara a su fin.

– Quiero que seas consciente de cual es tu situación. – la voz del acompañante se tornó seria y casi solemne al pronunciar la frase.

Los recuerdos volaron por un segundo lejos de la mesa. Era totalmente consciente de todo: la habitación del hospital, el olor de su alrededor (flores, medicamentos, alcohol…), el sonido del respirador y el pitido, cada vez más lento, del monitor cardíaco al que estaba conectado.

– Soy consciente. – le respondió con tranquilidad, sin miedo ni angustia. – Ahora mismo, sólo mi cuerpo está allí. Aquí estoy yo, hablando contigo y viviendo el recuerdo de mi primera cita con mi mujer.

– ¿Entonces sabes lo que soy, lo que representa esta primera cita conmigo? – El acompañante no quería dejar nada en el aire. No le gustaban los malos entendidos.

– Si, se lo que representas tu y esta cita, que también es la última. – su voz se apagó ligeramente, mientras los pitidos se separaban aún más. – Gracias por devolverme mi más importante primera cita. Ha sido agradable la compañía. – Su mujer apareció ante él, al otro lado de la mesa. Sonrió.

La luz sobre la mesa se apagó lentamente.

– Adiós.»