649. DE REDES, NI HABLAMOS
JOSÉ ANTONIO GAGO MARTÍN | Pigafetta

«El humor caduca », me confiesa Manolo. Menos mal que con lo que ganó en la época buena se compró este bar. Solo los incondicionales seguimos celebrando sus chascarrillos porque si está de buen humor es más generoso con el vino y las tapas. «Cuando cuento —continúa— lo de la niña adoptiva que no se atrevía a tirarse por el tobogán nadie se ríe». «¿Y por qué no se atrevía?» «Coño, porque era de China. No lo entienden porque ahora se traen los niños de Sudamérica y nadie sabe qué es la china. Mi abuela, que era una pelotita de metro y medio me decía: «Alcánzame un pocillo del chinero, tú que eres buen mozo». «Tampoco es que seas tan alto —le digo». Será un asunto genético, supongo, pero Manolo no alcanza más de uno setenta. «Ya, pero todo es relativo —sigue—. En mi familia a mí me veían alto. «A tu abuelo le tocó hacer de banderín en el servicio», me decía mi abuela. Pero claro, hago chistes con eso y solo mi público todavía se ríe». Cuando habla de público, se refiere a residencias de ancianos y asociaciones de la tercera edad. Casi siempre eventos benéficos, por el humor de Manolo nadie paga un euro, en sentido literal. «Seguro que se mean de risa, aunque los chistes sean malos —le digo». «Bueno, se mean sin necesidad de chistes. Los que tienen audífono aún entienden mi lenguaje. El humor caduca porque los conceptos se desgastan con el tiempo. Ahora tendrías que explicar que lo del servicio se refiere a la mili obligatoria. Allí los ordenaban por altura en filas descendentes y el más bajito era el que llevaba el banderín. Lo que ahora se hace en el servicio, mis abuelos lo hacían en la cuadra. Y, cuando emigraron a la ciudad, ellos decían váter y les hacía gracia cuando alguien decía excusado. Se doblaban de risa. «¿Y eso?», pregunto. «Pues que el Excusado era uno del pueblo. Lo llamaban así porque era un poco amanerado y muy relamido al hablar. Ante todo lo que le proponían, fuera bueno o malo, siempre se negaba. Tómate un vino, échame una mano, dime la hora……Él siempre contestaba lo mismo: «Me vas a excusar, pero…»
«No sería el pueblo el mejor sitio para los homosexuales, —le replico— me vienen a la cabeza algunas historias bastante crueles que me han contado». «No, el Excusado no era homosexual, al menos que yo sepa. Era redicho. Mi abuela se refería a los «de la cáscara amarga» que a mí me recordaba a las nueces. Recuerdo que una vez me pasó como a la mona, que mordí la cáscara verde de una nuez y me supo a rayos. Ese es el problema de los chavales de ahora, le falta contacto con la realidad. Como compran las nueces peladas en el súper ya no entienden mi humor.