DE REPENTE
JUAN LORENZO COLLADO GOMEZ | AZUL

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María siempre me ha gustado con locura y esa tarde, tras el trabajo y tomar una cerveza, la acompañé a su casa.

-No tengo nada que hacer esta noche –dije al llegar a la puerta.

De repente, preguntó.

-¿Quieres subir y cenar?

Estuve a punto de ahogarme porque no podía respirar de la emoción y la seguí hasta el ascensor. Ni qué decir que aquella corta distancia en el angosto espacio me llevó a pensar en apretarme a ella y besarla allí mismo, pero supe contenerme.

La seguí hasta el final del pasillo donde la habitación tenía la luz encendida.

La anciana, que estaba viendo la televisión, se levantó y me estrechó la mano.

-Mamá, te presento a Federico, es amigo y compañero de trabajo. Va a cenar contigo y te va a hacer compañía hasta que yo vuelve de mi cita con unas amigas.