571. DEBUT
Juan Pablo Goñi Capurro | Bebo

En la cola, excitados, no hacíamos más que hablar de Petiche; estaríamos muy cerca de él. Éramos más de quinientos los que rodeábamos la municipalidad para ofrecernos como extras. ¿Quién se lo iba a perder? Estábamos los jóvenes –tenía quine años entonces–, las mujeres, los jubilados, pero también hombres que sacrificaban su trabajo. El director había explicado por la radio que los vecinos tendrían prioridad, el mismo intendente actuaría en la película. Poco nos importó, ver a Petiche era nuestro objetivo.

Estuve cuatro horas hasta que me tocó entrar en la oficina del intendente, cedida a los cineastas. No hice más que pasar y quedé embobado ante la cámara. Una voz me recordó por qué estaba allí, la voz del director. Sobre el escritorio, una pila alta con las planillas completadas. Una chica aguardaba para rellenar la mía. Otra esperaba a un costado con su cámara de fotos.

La chica tomó mis datos. Me explicó que se trataba de una gran producción; Petiche era la figura principal de la película y en el pueblo filmarían una batalla entre extraterrestres y amazonas. Me preguntó si sabía cabalgar y me ufané de mi dominio de los caballos. El director me observó con atención; principios del verano, estaba yo de pantalones cortos y remera musculosa, mi lampiña piel ya bronceada por el trabajo de los fines de semana. Me sentí halagado por su atención, ignorando lo que me esperaba.

Petiche jamás pisó el pueblo, pero yo me volví famoso, superando al mismo intendente cubierto de pintura verde. En cuarenta años, nadie ha olvidado mi figura, foto de primera plana del periódico local. Todos recuerdan mi melena rubia, mi pollera corta, mis botas bucaneras y mi delicado maquillaje, ¡eterna reina de las Amazonas!