646. DESAPARECIDA
Ana Maria Abad Garcia | Acróbata

Naricilla respingona, ojos verde mar, larga melena rizada y un cuerpazo de escándalo. Así rezaban los carteles que Ernesto pegó por todo el barrio, sujetos con largas tiras de papel celo: farolas, escaparates, buzones de correos, soportales… a su paso, todo quedaba sumergido bajo el océano de papeles que perfilaban la descripción de su último amor. Pero nadie supo darle razón de ella y, tras varias semanas de agonía, el pobre Ernesto tuvo que resignarse a lo evidente: la chica no iba a regresar. Una lástima.
Ernesto se empeñaba en acudir regularmente a los lugares donde habían sido felices durante aquellos escasos dos meses, pero no se la volvió a ver por la cafetería ni en la bolera ni paseando por el parque. Al fin, se resignó a olvidarla y vino a mí, lloroso y cabizbajo, para recibir mi consuelo y mi cariño incondicional.
Y, una vez convencida de que ha aprendido la dura lección (las chicas guapas son malas), ya puedo deshacerme de la prótesis para la nariz, las lentillas de color y la peluca. Eso sí, el cuerpazo me lo quedo.