880. DESAYUNO DE TRABAJO
Juan Carlos Ayuso | Niño de Birmingham

–¿Llevas mucho esperando?
–No. Acabo de bajar. ¿Qué te apetece tomar?
–Un café solo.
–Ya, pero un café sólo, o un café… solo. ¿Solamente quieres un café o quieres un café sin leche?
–No empieces con tus juegos de palabras. ¿Qué tal ayer?
–¡Pffff! …por decir algo… Aguantar a mi hermana y a su niña repelente, tiene un pase; pero…, con mi cuñado… Tío, ¡no puedo!
–¿Y eso?
–Hazte a la idea. Me lo encuentro en el jardín -¡para no variar!- arreglando unas macetitas. Yo, por hacer la gracia, le digo ¿hola ké hase?, y sin levantar la vista me suelta, “aquí con el almocafre…”. Te juro que creí que me lo decía a mí. Algo como “ya está aquí este cafre con almorranas”.
A punto de mandarlo a la mierda, levanta su cara de pinchaúvas y blandiendo un destornillador raro dice, “uso el almocafre para limpiar los cepellones antes de trasplantarlos”. Aaah…, -imagínate qué cara de gilipollas se me quedó-……
No te rías. Joder, no te rías… ¡No tiene gracia!
–Pero el chaval no lo decía con mala intención.
–¿Ah no? ¿Usas mucho el almocafre para rascarte la espalda?
–Hombreeee…
–¡Nada!, se la devolví. Estábamos tomando el café en el jardín, y me pregunta mi hermana: –¿qué ha pasado con la casa de mamá? –Había hablado con ella por la mañana. Un banco se la quiere comprar.
–Ya.
–Le digo, -mirando a mi cuñado-, se ha presentado a primera hora de la tarde un asustaviejas. Éste, pone cara rara. Duda, pero al final no lo puede resistir y me pregunta, “¿qué es un asustaviejas?”.
–Bueno, yo también te lo iba a preguntar.
–Valeee, pero tampoco es tan raro. ¿No? Son esos promotores inmobiliarios sin escrúpulos.
–El caso es que para no ponérselo fácil, le suelto: ya sabes, un pavo brazoalambre de los malos… Joer, tío, mi hermana saltó como un resorte, “Javi que si esto, Javi que si lo otro…”
–No te rayes. ¿Y el curro? Se supone que ibas para eso.
–Sí, bueno. Como fue lo mejor del día, lo he dejado para el final.
–Ahh. ¡Cuenta, cuenta!
–Ya más calmados y con el uno a uno en el marcador, me armé de valor para pedirle trabajo. Para romper el hielo, hice la gracieta de la nuera.
–No sé de qué va ese rollo…
–Le digo, Jose: ¿sabes por qué tu madre cuando habla de mi hermana se refiere a su nuera? Pues porque en el fondo, ella nu-era la mujer que quería para ti, que eres tan chachi…
–Jo macho. ¿Le dijiste eso cuando ibas a pedirle trabajo?
–¡Qué va! Lo encajó, lo encajó. Ya cuando le vi de buen talante, se la colé. Oye cuñado, estaba pensando en que, ahora que tu socio acaba de fallecer, ¿no podrías ponerme a mí en el lugar de él?
–Guay, tío. Mensaje corto y directo.
–Y me dice, “por mí no hay inconveniente, pero a quien tienes que convencer es al sepulturero de la funeraria…”