1065. DESAYUNOS CALENTITOS
Estela Martín de la Fuente Moreno | Agaporni

Piiipipiiiii resuena sin piedad el despertador, las 7:00 a.m., menudo madrugón y más cuando piensas que no tienes ningún trabajo al que ir, ¡para eso es Marta!, ¡para encontrarlo!, ¡así que levántate y cómete el mundo!, pero no…lo único que me como de camino hacia el baño es una de las cajas que deje en el suelo ayer, después de mi precipitada mudanza.
Al menos la habitación es mona, y me ha salido baratísima, resulta que la pareja que antes la ocupaba ha roto, y menuda ruptura, prácticamente en el altar.
– ¡Le pillé liándose con mi prima! – me contó la pobre entre hipos y mocos, -ay amiga, cuanto te entiendo…(una que también forma parte del club de la cornamenta).
– Hoy va a ser tu día- me comento para darme ánimo, aunque el reflejo de esa chica desgreñada y ojerosa no parece creérselo demasiado, doy un sorbo a mi coca cola y salgo al mundo.
Pero mientras camino hacía el semáforo algo pasa, siento como si alguien me observara, miro paranoica hacía los lados, pero no veo a nadie, juraría haber oído cuchicheos…y, justo cuando estoy auto regañándome por cagona, siento como me tapan la cabeza y me empujan hacía el interior de un vehículo, ¡socorro!, ¡que me secuestran!
Cuando por fin me quitan aquella tela de la cara, no puedo creerme lo que veo, me encuentro atada a una silla, pero no se trata de un sótano oscuro y frío, si no una especie de bar con un grupo de chicas que gritan y beben divertidas (¡si no pueden ser más de las 8:00 de la mañana!), mientras pienso en ello, un chico empieza a bailarme, restregándome sus atributos por la cara, no sé si es el miedo, la incredulidad o el hecho de que en parte, estoy convencida de que esto es un sueño, pero no lo dudo y muerdo sin piedad aquel plato que tan gustosamente me ha sido ofrecido, con el grito de aquel chico, la música se enmudece y todo el mundo me mira.
Las chicas que hasta hace un momento reían, se acercan al escenario, – ¡nooo, esa no es Ana!
Yo, que una vez enfadada no hay quién me pare, les hago frente aún maniatada, tanto, que les cuesta más de media hora convencerme de que no es un secuestro, si no la despedida de soltera de la antigua inquilina.
Enfadada recojo mis curriculum dispuesta a irme, cuando un hombre me detiene.
– Si es por el mordisco a su bailarín lo siento, sólo me estaba defendiendo.
– Tranquila, sólo quería disculparme señorita, – respondió el jefe del establecimiento, – veo que estás buscando trabajo, tal vez yo podría ayudarla.
Así fue como conseguí el puesto de seguridad en el estriptís «desayunos calentitos», expertos en despedidas divertidas y pioneros en fiestas diurnas.
Y si aún estáis preocupados por el bailarín, tranquilos, tuve ocasión de pedirle disculpas, y… no me preguntéis como, pero puedo confirmar que su aparato sigue funcionando al 100% de sus capacidades.