1002. DESEO QUE TE CAIGAS POR UN BARRANCO.
Marta García Pons | Miss Blackmoon

No sé el porqué. Ni por qué había de ser tan algo tan específico, ni de dónde vino esa manera de desearlo, con tanta vehemencia. No le deseé ningún otro mal; tampoco ningún bien. ¿Por qué un barranco? ¿Por qué caer? No rodar, ni saltar, ni tropezar…

“El Yeti”, que así es como le llamaba, era un cretino de casi dos metros que trabajaba conmigo. Bueno, más bien que trabajaba en el mismo lugar que yo. No solo era alto, sino que también era corpulento, peludo (no es una crítica, es un hecho) y de brazos largos. Si lo hubieras visto por el bosque, le hubieras hecho una foto sin dudarlo. La foto estaría borrosa y él aparecería de semi perfil andando medio tapado por un árbol. “El Yeti”, le iba que ni pintado.

Un día más volvió a faltarme el respeto. Para él yo era una niñata que no venía de familia bien y que encima le contestaba. Demasiado que soportar. Siempre he imaginado que yo también debía tener un apodo, pero seguro que no era tan bueno como “El Yeti».

Cada día gustaba de provocarme, como si fuera un juego, pero ese día en concreto fue especialmente faltón. O no. Tal vez yo estaba especialmente sensible. O igual fue una mezcla de las dos cosas. La cuestión es que así se lo dije: «Ojalá te caigas por un barranco». Ni siquiera tuve que alzar la voz. Supongo que fue mi mirada porque algo le pasó. No pudo contestar. Se fue.

Al día siguiente nuestro siempre ausente jefe llamó: – No te lo vas a creer – me dijo.
– He de darte una noticia y tal vez quieras sentarte. Ni en un millón de años adivinarías qué le ha pasado a… ¡Ostras!, tú le llamabas “Yeti” ¿verdad?