202. DESPISTE
BRIGIDA JURADO CANALEJO | JURCAN

Como todas las mañanas, Juan cogió su inseparable bastón y se lanzó al caos de la ciudad. Se puso calzado cómodo para sortear las grietas de la acera, forro polar para mitigar el frío de la mañana y su inseparable gorra que le protegía de su incipiente calvicie y de la posible salida prematura del sol de marzo.
Se sorprendió del poco ruido, de los pocos coches, de la poca gente que había a su alrededor. Siguió su camino, aprendido de memoria, hasta su ansiado banco del parque. Sacó el pan duro para las palomas y, cuando estaba en esa labor, unos altavoces alteraron su rutina. Oyó algo de «corona» y pensó, ¿ya están otra vez los republicanos con sus mítines?.