1362. DESVENTURAS DE UN CALCETÍN.
Pedro Pradillo Manzanero | David Olivaw

DESVENTURAS DE UN CALCETÍN
Era un día como tantos otros, sin utilidad, sin servicio, reposando todo el tiempo en su lugar, que viene a ser el cajón de la cómoda. Allí, rodeado por otros como él, compañeros de trabajo, compañeros de barrio, de soledad, de oscuridad, de olor a naftalina.
Hacía unas temporadas era envidiado por todos, con ese porte tan distinguido, esos colores tan llamativos, esa suavidad al tacto, era único e irrepetible. Vivía feliz sabiéndose el rey del gallinero, es decir el más destacado, el que más salía a pasear, siempre por encima de los demás, siempre el primero. Su altanería le granjeó la animadversión del resto, pero no le importaba.
Ocurrió una mañana de otoño, salía con su pareja como tantas otras veces, cuando en un descuido se mojó, se empapo por completo al meterse en un charco inesperado. Si bien otras veces se había mojado y no había pasado nada, esta vez fue diferente, el charco no era solo de agua, ésta contenía productos abrasivos que en primera instancia no detectó pero que fue la causa de lo que le acaeció a continuación. Como en algunas ocasiones anteriores se comprimió hasta que pudo desalojar toda el agua absorbida para después ocupar de nuevo su lugar. En ese momento sucedió, su mundo de altivez, de engreimiento, de vanidad, desapareció para siempre. Se había rasgado por la punta, notaba cómo se le había amputado una parte de él, cómo se le caía el mundo encima.
Desde entonces era el hazmerreir del cajón, ni siquiera lo habían zurcido para tapar su minusvalía, se sentía humillado, vilipendiado. Incluso su pareja le dio de lado y dejó de acompañarle, ya no salieron más a pasear. Pasó a la parte más oscura, por debajo de todos, el último, junto a las bolitas.
En ese estado extrajo de si su parte más siniestra, funesta, aciaga y comenzó a cavilar, a trazar un plan para alcanzar su venganza. Tomó la decisión firme de vengarse de quien había propiciado su actual situación. Después de mucho meditar decidió matar al individuo y encontró dos alternativas, ¿ahogándolo por la boca o asfixiándolo por la nariz? ¿Era un calcetín, no? Pues eso es lo que haría.