Detalles
Javier González Alcocer | El Jinete Azul

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La pareja lleva conversando varias horas, hay instantes en los que se limitan a dejar pasar el tiempo sin pronunciar palabra, aunque después de esos momentos de silencio, las palabras brotan de nuevo, a veces de manera sosegada, otras con cierto deje incisivo.

—A pesar de los años transcurridos, el recuerdo es inolvidable.

—¿Tan impresionante fue? —el tono de la mujer es casi de incredulidad.

—Hay detalles que jamás he olvidado —responde el hombre con una leve sonrisa en los labios.

—¿Cómo cuáles? —la inflexión de la voz es retadora.

La respuesta no llega enseguida, el hombre se toma su tiempo, cierra los párpados, luego los abre despacio, la explicación viene en cuanto exhala el aire de sus pulmones.

—Me preguntas por detalles —abre las manos en un gesto de amplitud—, hay tantos… Su piel nívea, con aquellos lunares en forma de estrella en el nacimiento de su espalda, su cabello negro, suave, con olor a manzana —inspira con delicadeza como si fuese capaz de captar ese aroma—, sus labios carnosos pintados en tono rosa, sus ojos verdes enmarcados en esas largas pestañas. Te aseguro que su recuerdo es perenne como pueda serlo el mar, el viento o el cielo sobre nuestras cabezas.

La mujer le observa, asiente en silencio, compartiendo sin hablar ese momento de la intimidad del hombre.

—Pero seguro que por encima de todos, debes tener uno preferido, ese que logra que te sientas dichoso por encima de todas las cosas cuando lo rememoras.

El silencio ahora es más largo, el hombre no deja de mirarla aunque es evidente que no la ve, su pensamiento está en otro lugar.

—Tienes razón, hay uno por encima de todos: el olor —su tono es de arrogante seguridad.

—¿Qué olor? —pregunta la mujer.

—El de su sangre al brotar imparable de su cuello tras cercenarlo de un solo tajo —las palabras salen sólidas, ahora su sonrisa es más amplia, más sostenida.

—Has asesinado, que sepamos, al menos a quince mujeres, ¿por qué ese lo tienes en un pedestal? —la mujer mira un instante a la cámara que graba el interrogatorio.

—Porque fue mi primera vez, algo que nunca se olvida —emite una sonora y única carcajada, aunque su eco perdura en la mente de la mujer mucho tiempo.