567. DETALLES DEL BUEN BUSTO
Francesc Josep Pozo i Jiménez | Francesc Pou

Los pasos silenciosos de aquel aspirante a erudito vinieron a detenerse cuando se topó con un busto recién inaugurado que presidía la entrada del jardín. La soledad del monumento no era tal, pues a su lado, un hombre no le quitaba la vista de encima con un consumado interés, lo cual llevó a nuestro prócer admirador a sospechar que aquella persona tal vez fuese el autor de dicha obra de arte, si bien apreciaba una desproporción al alza respecto al tamaño que normalmente estaba acostumbrado a ver en las realizaciones escultóricas que conocía.
Consideró que aquel impreciso detalle pudiera ser motivo para iniciar una conversación que despejara sus dudas sobre la realización de aquella piedra esculpida.
– ¡Mucho busto! – exclamó, sin pensarlo.
– El busto es mío – respondió su autor, no sin demasiado orgullo.
– La proporción de su alegría no se corresponde con la de la obra realizada.
– Puede que tenga razón y haya quedado un busto muy grande.
– No se queje. Se ha dado usted, a sí mismo, un bustazo. Debería estar contento.
– Pues no lo estoy. Creo que a la gente no le gusta mucho.
– ¿Y en qué se basa?
– En una piedra monolítica de mármol. ¿No se ha dado usted cuenta?
– Me refiero a su suposición sobre la escasa aceptación por parte de la gente.
– Y hablando de suposición, ¿cuál es su posición?
– Aquí me tiene, a su lado y frente a su magna obra.
– Yo más bien me refería a su valoración.
– En eses caso, créame si le digo que la valoro positivamente.
– No sabe cómo me halaga.
– No lo sé, pero lo supongo.
– Yo tampoco sé el nombre de tan generoso valorador de esta humilde obra.
– Lo sabrá cuando yo satisfaga mi interés en conocer el linaje del artista.
– Me llamo Javier Del Busto Grande. ¿Y por quién atiende tan preciado admirador de mi obra?
– Atiendo por Luis Bustamante Seguro.
– Se le ve muy seguro en su amor por las esculturas.
– Y no digamos usted, por las realizaciones a escala elevada.
– En cambio, la gente observa mi obra con desdén y expresión aburrida. Al contemplarla, les da por bustezar.
– No se venga abajo, mi querido artista. Ya lo dice el refrán: sobre bustos no hay nada escrito.
El Señor Bustamante dio media vuelta para completar la vuelta entera que se había propuesto realizar aquella mañana. Por su parte, el Señor Del Busto permaneció contemplando su obra, que destacaba entre el conjunto que formaba junto a dos pequeños árboles. Unos árboles que, en realidad, tan solo eran arbustos.