388. DÍA DE FERIA
Sonia Ruiz Corcos | BORRASCA

Como mi Paco se ha quedado embobado con la escopeta de tiro me voy yo al túnel del terror, a ver qué es esto. Mucha chavalería gritando, niños riendo, esto es pan comido para una mujer curtida como servidora.
Para entrar todos van en grupo, la única sola soy yo, esto promete.
Está tan oscuro que no se ve ni para cantar, con el precio de la luz, normal, esperarán al horario valle. Y vaya telarañas, aquí hay mierda del año que se pida.
Nada más pasar hay una muchacha en una cama con una gastroenteritis de las gordas, pobrecilla y la hacen venir a trabajar. Llena de pústulas y vómitos, no me acerco mucho no me pegue algo. Saludo de lejos con la mano y paso a la siguiente sala.
Aparece de repente tras de mí un pedazo maromo paliducho y repeinado con capa y de la impresión le suelto un bofetón que le salto los dientes. Por suerte son colmillos de plástico y el hombre se agacha a recogerlos cuando le piso la capa atada al cuello y casi lo ahogo, sale corriendo el valiente. Ha sido listo porque como se acerque le voy a dar una hostia que nos vamos a morir los dos, él del golpe y yo de a onda expansiva.
Sigo el camino y un yonqui me quiere llevar el bolso, y a esta rata quién la mata, con los ojos fuera de las órbitas y la cara desencajada, estira los brazos hacia mí que le grito, es más feo que la radiografía de un mejillón.
No le meto un cabezazo porque no quiero pasarle mi inteligencia. Veo que es el pasadizo zombi, no sé qué es eso pero el chaval se lleva un bolsazo en toda la cara, de la hostia va a dar más vueltas que un manco en una canoa.
Avanzo más deprisa, un tipo peludo, más que mi Paco en Torremolinos, se acerca y me aúlla. Ya estoy calentita, si le arreo no va haber músico que toque lo que éste baila.
Ahora la que veo es una monja, pero no se han dado cuenta de qué esta mujer se ha perdido. Voy a ayudarla y sale corriendo diciendo la loca que pegó a Drácula. Pobrecilla está desorientada.
La última sala está llena de tumbas, que mal gusto un campo santo en este lugar. El enterrador viene arrastrando la pala, lo que percibo es que aquí las contrataciones son abusivas. Van a llover galletas y va a pillar hasta el príncipe.
Por el camino encuentro una plaga de cucarachas que sanidad viene aquí y lo flipan, con este tamaño ya deben estar empadronadas.
Mejor me salgo y voy a la tómbola a comer un algodón de azúcar y buscar a mi Paco.