Diccionario de nuestra primera cita
Irene Martínez Martín | Sandra Rivera

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Mensaje, “¿quedamos a las 18:00h en Sol?”. Septiembre, acaba de volver a Madrid para mi último año de universidad. Destrozada, me rompieron el corazón y llevaba intentando arreglar el desastre 3 meses. Esperanza, en cuanto intercambiamos el primer mensaje supe que tú podías ayudarme. Miedo, “acabo de llegar, te espero frente a la estatua”, te reconozco en cuanto te veo a lo lejos. Granate, se notaba que te habías arreglado para verme. Retoques, de pelo, blusa y bolso, antes de que tú me veas. ¡Acción!, se eleva el telón y estamos los 2 solos, sin apuntador, cara a cara. Fichado, en cuestión de segundos tenía tu perfil completo. Desglose: nervioso y asustado; en esto también coincidimos. Alto, ojos marrones y gafas; te hago reír y me sigues el chiste. Calle Alcalá, el sol a nuestras espaldas y el verano se acababa. Cartera, me contaste que era un regalo de tu tía. ¿Sorprendido de que todavía recuerde eso?



El Retiro, no éramos los únicos, clásica primera cita. Libros, eterno despliegue de casetas de libros tu sonrisa, al darte cuenta de que sin planearlo te había salido bien la jugada. Sorpresa escondida bajo confianza, no te creías ni tú la suerte que habías tenido. Relajado, te diste cuenta de que con ese plan me habías conquistado. Paciente, me escuchaste hablar sobre cada libro que reconocía. Tiempo, me regalaste tu tiempo. Precio, 20’25€, lo pegué en el móvil en un desesperado intento por acordarme de ti si tu no querías acordarte de mí.



Abrazo, en un paso de cebra. Tímido, al principio no estabas seguro de si ibas demasiado rápido. Fue demasiado rápido todo, pero estabas enamorado y tenías poco tiempo hasta que el semáforo se pusiese en verde. Sentías como se te escapaban los segundos, veías la parada de metro a lo lejos y sabías que esta era tu última oportunidad. En tu mente una batalla se libraba a gritos ensordecedores y, sin embargo, yo estaba tranquila mirando los coches pasar. Decidido, rechazaste tus miedos y los guardaste detrás de tus inseguridades. Recuerdo, ¿sabes que casi 5 años después sigo recordando ese abrazo? Imposible, creía imposible enamorarme tras una tarde hasta que llegaste tú. Diferente, haciendo que me replantease todo lo que creía conocer acerca de mí.



Sonrisa, esa eterna sonrisa que tenías en el andén mientras el tren arrancaba. Mano, agitándose y despidiéndome, no te diste la vuelta hasta que me perdiste de vista. Alivio, querías volver a verme y el mensaje decía “gracias por una tarde tan genial”. Novio, por favor, sé mi novio.