1339. DISPARATE EN EL BAR
JOSÉ MARTÍNEZ MORENO | Doctor Ziyo

–Muy buenas.

–Muy buenas, señor camarero. Por favor, un bocata de gambas.

–Ahora mismo, señor. ¿Las quiere peladas?

–¿Por quién me ha tomado?

–Por alguien que se pide bocatas de gambas.

–La verdad es que ahí me ha pillado usted.

–¿Entonces qué?

–¿Qué de qué?

–Que si quiere las gambas peladas.

–Por supuesto que no, pero compruebe bien que tengan las uñas limpias y que vayan con el pelo bien arreglado. He conocido gambas que eran unas auténticas cerdas. No se peinaban nunca y ni siquiera se lavaban, a pesar de estar rodeadas de agua todo el día.

–Qué cosas tienen las gambas. En fin, ahí tiene, su bocata de gambas sin pelar, con las uñas limpias y el pelo bien peinadito, con raya al medio y todo.

–Gracias. Eh, un momento… ¡este pan tiene moho!

–¡Acabáramos! ¿Pero por quién me ha tomado usted?

–Por alguien que pone bocatas de gambas con pan mohoso.

–La verdad es que ahí me ha pillado usted.

–¿Entonces qué?

–¿Qué de qué?

–Que si me va a cambiar el pan por uno sin extra de moho.

–Claro, eso está hecho. No sé cómo me he podido confundir. Normalmente el pan mohoso lo guardo para los mejores clientes. No se lo tome a mal.

–Me lo tomaré sin moho, si no le importa.

–Y dale con el moho. Mire que me ha salido usted rencoroso, ¿eh?

–Perdone usted. Si se comiera los bocatas de gambas sin pelar como yo, también le pasaría lo mismo. Son efectos secundarios, ¿sabe?

–No, no sé, yo sólo sé poner pan mohoso
.
–Vaya, vaya; veo que no soy el único rencoroso aquí. ¿Seguro que no come usted bocatas de gambas sin pelar?

–¿Yo? ¿Pero por quién me ha tomado usted?

–Por alguien que no come bocatas de gambas sin pelar.

–Ya, ahí tiene usted razón.

–¿Entonces qué?

–¿Qué de qué?

–No sé. ¿De qué hablábamos?

–No lo recuerdo, creo que de los efectos secundarios del rencor o algo así.

–Ah, sí, es verdad. ¿Sabe qué le digo? Que mientras hablamos, ¿por qué no me pone usted un bocata de gambas?

–Eso está hecho, ¿las quiere peladas?

–Por supuesto que no, ¿por quién me ha tomado?

–Por alguien que se pirra por el pan mohoso, ¿me equivoco?

–Pues no, tiene usted toda la razón. Me encanta su colorcillo verde tan apetitoso.

–Entonces aquí tiene su bocata. Recién hecho, oiga. Ah, me he tomado la libertad de peinar las gambas y de limpiarles las uñas. No vea usted las gambas cerdas que he tenido que ver por aquí.

–Qué detallazo por su parte. Me conoce usted mejor que mi padre.

–Le recuerdo que soy su padre, o eso dice mi mujer.

–Vaya, ya decía yo que me sonaba su cara. En fin, me llevo el bocata para ponerlo en un jarrón con agua. Adiós, muy buenas.

–Adiós, muy buenas.