1106. DON QUEJICA DE LA PLANCHA Y EL ESPEJO
Jesús Antonio Martín noel | J Martin

— Adiós — Se despidió preocupada.
— Adiós — Contestó él.
Cuando ella cerró la puerta de un portazo, él, se puso delante del espejo del recibidor y dijo…
— Querido y fiel amigo, ¡Toca planchar! — Exclamó desanimado.
— ¿Dónde está la tabla y la plancha? ¡Ya empezamos! — Culpó al espejo.
— Llevo veinte minutos buscando por todas partes y no la encuentro — Refunfuñó.
— ¡Que sed tengo! Iré a por algo de beber.¿Que hace el arcón entreabierto y la plancha al lado? — Gritó para que se enterase el espejo tratando así de hacerle culpable.
— ¡No me lo puedo creer! ¿Que hace la tabla aquí? — Preguntó inculpatoriamente al espejo desde la cocina.
— La sacaré para que se descongele, mientras me tomo el refresco —.
Minutos más tarde y después de un sonoro eructo…
— Ya es hora de hacer cosas en casa… ¿No crees? — Le preguntó al espejo.
— ¿Como se colocaba esto? ¡Ah sí! ¡Ya me acuerdo!
¡Mecachis, los tapones de las patas siguen congeladas y se resbalan!
Pondré la tabla en el suelo y plancharé de rodi-llas —
Segundos más tarde…
— ¿Por qué has desenchufado la plancha? — Recriminó al espejo.
— ¡Ayyy que calambrazo! ¡Por tu culpa! dijo señalandole con el dedo.
Poco tiempo después…
— Me duelen las rodillas, me sentaré en el sofá, pondré la ropa en el reposabrazos y plancharé con la tabla en mis piernas.
¡Al suelo la ropa recién planchada! ¡Tsch, ufff!… La recogeré — dijo desganado.
De repente…
— ¿Humo? ¡¡¡La ropaaa, que se quemaaa!!! ¡¡¡Iré a por un cubo de agua!!! — Exclamó mientras se levantaba.
— ¡El cableee! ¡Vaya trompazo me he dado!
— ¡Que dolor, me he roto todos los huesos! — Exageró.
— ¡Iré a urgencias! —
(Su mente)…
— ¡Van ha amputarte alguna parte del cuerpo! ¡O varias! —
— ¡¡¡NOOO!!! — Gritó horrorizado.
Al llegar al hospital…
— ¡Pufff, que de gente! Me colaré sin pedir cita y esperaré a que me llamen —.
Una hora mas tarde…
— Solo quedo yo, entraré en la consulta —.
— Señor, no puede entrar sin ser llamado — Le reprochó la enfermera atónita.
— ¿Tiene cita? — preguntó el doctor sorprendido.
— No, pero he tenido un accidente con la plancha y no me pienso ir hasta que me atienda — Contestó autoritario.
— Le atenderé — Se resigno a contestar el médico.
— Quítese la camisa para examinarle —
— Esta todo perfecto — afirmó el doctor despachandolo rápido.
— ¿No me hace más pruebas? — preguntó extrañado.
— No, no hace falta, ya le he dicho que esta todo bien — Sentenció el doctor.
Contrariado, se fue a casa, al llegar…
— ¡Oh, no! ¡Me deje la plancha enchufada y encima de la ropa! — Exclamó, poniéndose las manos en la cabeza.
— ¡Sabía que algún día incendiarias la casa! — Replicó la mujer enfadada, que justo acababa de llegar, mientras lo golpeaba con el bolso.
De repente…
— ¡Ufff, que dolor de cabeza! — Susurró sobresaltado y sudoroso, tratando de no despertarla. Mientras observaba como roncaba, trataba de entender que hacia en el suelo.
— ¡Que pesadilla tan real! — suspiró aliviado.