436. DON TOMÁS NO PUEDE MÁS
ANAIS CORREA | A-NINJA

Ochenta y seis años, noventa y un kilos, uno setenta y ocho, uno setenta y cuatro, uno setenta y tres (cada año encoge un poco), superviviente de una postguerra, una dictadura y un móvil Motorola de tapa dura, de un doble baipás, dos exmujeres, siete hijos y diez nietos…… Don Tomás es un hueso duro, él lo sabe. Todos en su familia le dicen entre bromas que va a enterrarlos a todos,…él se ríe y asiente y mientras lo hace entrecierra los ojos y piensa “ojalá”. Es un hombre bravucón, altivo y con buen humor. A Don Tomás, hay una sola cosa de la que le aterra hablar, solo de pensarlo hace que se le ericen los cuatro pelos que le quedan en la nuca y se repeina para atrás: la dieta. Aquella mañana se encaminó al centro de salud rezando a todos los santos que conocía, pero justo antes de entrar en la consulta los maldijo a todos por dejarle solo. “¡Don Tomasín! Entre…entre……no sea tímido” le dice el médico, ese mata sanos……farfulla. Le toma el pulso, la tensión, la temperatura, el peso y Don Tomás se deja hacer, hasta que le toca el hombro y le da unas palmaditas suaves. Llega el turno de las preguntas: “¿Qué tal la dieta?, ¿Hace los ejercicios que le mandé? ¿Ha dejado las copitas de vino de más? ¿Cómo llevamos lo de comer todo al vapor? Ya le dije que la sal para usted es veneno puro…”. Con un “todo bien”, Don Tomás responde de una a todas las cuestiones. Pero algo va mal,…por norma general al contestar rápido y tajante le deja en paz, pero esta vez……esta vez la mirada del médico es de lo más desafiante. “¿Pasa algo?” dice el anciano, “No sé… ¿hay algo que quiera decirme señor Ortega?”. De pronto comienza a sudar,…suda tanto que el tinte que le echó esta mañana su nieto en las canas le resbala por las patillas. El doctor no espera, y saca un bote de orina. Es la prueba que le pidió que trajera la vez anterior, para comprobar que el colesterol se había reducido, y los parámetros se normalizaban gracias a la dieta que había estado llevando estrictamente durante los tres meses anteriores. El doctor ironiza con los resultados tan sorprendentes, “tanto que podrían ser los de un chaval de diecisiete años como su nieto”. Don Tomás traga, sabe que le han pillado, la única vía de escape que le queda es la del soborno…o el suicidio piensa. “¿Qué quiere a cambio?”. Sale de la consulta con un semblante digno que oculta la peor de sus pesadillas, lo del soborno no ha funcionado, la dieta sigue en pie y encima ahora se tiene que hacer las analíticas en presencia de un enfermero, “Si lo llego a saber elijo suicidio” se lamenta.