375. DOÑA PURA Y DOÑA PETRA
María del Carmen Guzmán Ortega | Acuariana

Doña Pura y doña Petra eran dos profesoras inseparables. Doña Pura era la profesora de Lengua y doña Petra la de Matemáticas. También eran cuñadas, pero muy bien avenidas. Una de ellas, hermana, nada más y nada menos que del Inspector General de Enseñanza. Esa categoría les daba a las dos señoras una impunidad que ya quisieran para sí algunos embajadores plenipotenciarios.
Yo no tenía problemas en la clase de Lengua, porque siempre se me dio bien esa asignatura, pero ¡ay! en la de Matemática sí, y muchos. Las dos tenían el privilegio de llegar tarde siempre. Empezaban la clase diez minutos antes de que terminara, no explicaban las lecciones y suspendían a casi todo el mundo. Si algún osado u osada se atrevía a preguntar, doña Pura, la de Mates, contestaba: «Que te lo explique tu padre» y se quedaba tan fresca.
Las dos eran estrafalarias, caminaban cogidas del brazo, marcando un ritmo de barco en altamar, o sea, basculando a un lado u otro, pero eso sí, muy compenetradas, y tan parecidas que la una parecía espejo de la otra.
No tuve más remedio que ponerles un mote que no sólo las describía perfectamente, sino que aglutinaba sus nombres: Pura y Petra. Cuando las dos cuñadas venían juntas, como un sólo mascarón de proa y las divisaba en lontananza, les decía a mis amigas:
«Ahí viene doña Putra».