806. DOÑA TERE, LA ABUELA TERRORISTA
Naia Estibaliz Becerril Ramos | Victoria Lucas

Nunca lo hubiera dicho. Acabar así, a su edad. Qué dirían sus amigas del mercado, las vecinas o, peor aún, la Isabelita, aquella mujer repelente, aburguesada y sibilina que la miraba siempre por encima del hombro. Qué se creía. Seguro que por su culpa acababa siendo la comidilla del barrio, la echaría a los perros a la mínima ocasión.

Un error lo cometía cualquiera, aunque Doña Tere nunca hubiera catalogado como error aquello que hizo, ¡con su nieta ni media!

Todo comenzó con unas criptomonedas. Según lo que su nieta le dijo, venía a ser algo así como dinero electrónico, pero que cambiaba su valor constantemente. De eso Doña Tere no tenía ni idea. Pero del precio de la vida, ¡ay!, de eso sabía mucho. Vivió una posguerra de hambre y muerte, como todo hijo de vecino. Así que, aunque con su pensión se apañaba, revisaba siempre los tickets de la compra.

El caso es que su nieta se hizo famosa por internet. Doña Tere tampoco sabía muy bien cómo podía ser eso. ¿La pararían por la calle? ¿Aparecería en el telediario? ¿Tendría que ir a defenderse a Sálvame? ¿Le harían un hueco en el Diario de Patricia?

Andrea, su nieta, había hecho viral un hilo en Twitter contando su historia con el Banco Santo Dinero, que además de invertir en bolsa, presumía de ser el primer banco en invertir en criptomonedas. Sin embargo, si se hizo famoso fue por haber sido rescatado en numerosas ocasiones por el Estado y por su implicación en varios casos de estafa.

La habían engañado, como a tantos otros criptoinversores. El dinero estafado ascendía a los cinco millones de euros. El banco, claro, se había guardado las espaldas y sería difícil que acabara pagando lo que debía a sus criptoclientes.

No había derecho. Twitter se levantó en masa contra el Banco Santo Dinero para que pagaran sus deudas. El hashtag #SantoDineroPagaYa fue trending topic durante todo un mes, un acontecimiento histórico. Tanto fue así, que la noticia saltó a la prensa internacional, así que los afectados decidieron intervenir.

Convocaron una manifestación frente a la sede madrileña y acudieron miles de criptotimados. Y, también, la apodada “Andrea la polémica” y su abuela: Doña Tere.

Ella solo quería apoyar a su nieta, pero, entre tanta exaltación y la emoción del momento, acabó entrando en la sede del banco aclamando: “¡manos arriba, esto es un atraco!” Claro, que se refería a que quien profería el robo era el propio banco. Al parecer no se entendió como ella esperaba.

Doña Tere acabó siendo el blanco de la prensa. En Internet la apodaron “Teresita la Fantástica”, algunos partidos y los hogares de jubilados la veneraban, aunque ella lo negó siempre diciendo que ya era para menos y se ruborizaba cada vez que escuchaba su apodo de heroína antisistema.