103. DORA Y DAVID
Marisol Rozo Rozo | Flor de lis

Dora y David

Dora y David nunca se han visto, decidieron chatear después de jugar a un juego de rol. Llevan ocho meses hablando por WhatsApp. Ya saben casi todo el uno del otro, sus gustos en la comida; la hora a la que se levantan los domingos; los secretos más íntimos de las respectivas familias; las historias de la infancia; las tristezas incluso de la infancia, eso no se le cuenta a todo el mundo. Antes de irse a dormir hablan hasta quedarse dormidos, el que se duerme de último decide si colgar o escuchar los ronquidos del otro, ambos lo hacen, roncan. A veces se duermen a la vez, menos mal tienen tarifa plana. Un día coinciden en que ya va siendo hora de encontrarse, sólo hay que subirse a un avión, o a un tren, depende de quien viaje; a David le aterra volar.
Se sube en el tren, tardará un día el trayecto. Está nervioso, Dora también. Han decidido quedar en una cafetería, Dora no irá a buscarlo a la estación, por teléfono la cosa es distinta, ¿y si a ella no le gusta lo que ve, o a él? Se relaja, piensa que al menos podrán ser amigos si la cosa no sale bien. Han congeniado de maravilla, sería una pena, está enamorada, y él también, se lo han dicho el uno al otro el día que decidieron que ya era hora de verse cara a cara. Eso dijo ella.
Después de dejar las cosas en el hotel David se dirige a la cafetería con su perro guía, Sansón, encuentra la dirección guiado por Sansón y Siri. David dejó el detalle de la invidencia para el día en que se encontraran, sería una sorpresa decisiva. Dora está sentada en la cafetería desde hace media hora, otra decisión romántica que tomaron para el encuentro fue no llamarse, se reconocerían. David entra en la cafetería y se ubica en una mesa, el perro se sienta a su lado tranquilo. Dora ve que ha entrado un invidente con su perro, pero no puede reparar mucho más porque le está dando el pecho a su hijo que está inquieto, ella no se queda atrás con las sorpresas, quería ver su reacción al descubrir que es madre soltera, por elección. Si, esta historia se va desmadrando, y parece no tener salida, pero ya veréis. El niño se empieza a impacientar y comienza a llorar, David se yergue porque reconoce algo familiar…ese llanto… se levanta, y cuando menos lo espera Dora tiene a su lado a un perro, el hombre que sujeta al perro pregunta ¿Dora?
Ella se levanta como puede con el niño en brazos, asustada, asombrada.
– ¿David?
– Si soy yo, siempre pensé que el bebé de la vecina lloraba demasiado cerca de tu habitación.
– y a mi me parecía raro el nombre de tu compañero de piso.

Sonríen, y se abrazan.