547. DOS HERMANAS
Agnès Ortega Pérez | Agnès Ortega

Nacen dos hermanas supuestamente gemelas, pero no se parecen en nada en el aspecto físico.
Nacen como unas niñas normales, nunca se separan la una de la otra solo que hay un gran problema entre ellas no hay comunicación posible, nunca se hablan, es imposible.
Siempre juegan como niñas normales pero no hablan nunca entre ellas. Va transcurriendo el tiempo y descubren que no se pueden escuchar entre ellas. En iguales condiciones al resto de las personas las escuchan sin problema alguno, pero entre ellas no hay nada, ningún tipo de sonido, no le dan importancia ya que pueden hacer todo lo que les dicen, pero continúan sin por escucharse.
Pasa el tiempo y las niñas crecen. Así que un día se separan, porque cuando una persona se hace mayor ya tiene vida individual propia. Una de las hermanas decide ir de excursión a visitar el castillo de la ciudad de al lado. Se encuentra con su pareja hablando de sus asuntos más íntimos y sexuales. La otra hermana pasea con su pareja por un parque de la ciudad, también hablando de sus cosas íntimas. De repente y de forma insospechada la hermana que se ha quedado en el parque se para en seco y piensa: “Estoy escuchando a alguien, yo diría que es mi hermana por las cosas que está diciendo y ha nombrado a su pareja”. Así que se atreve a decir en voz alta de forma disimulada para que nadie la escuche: “¿Hola, me oyes hermana?”
Ahora la hermana que se encontraba en el castillo para de hablar con su pareja y se dice para si misma: “Acabo de escuchar a mi hermana, creo que es ella. ¿Es esto posible?”. Así que le contesta para poder comprobar lo acontecido, de igual forma que su hermana, disimulando sin que nadie la vea hablar sola: “Te estoy escuchando”.
Al unísono, las hermanas empiezan a saltar de alegría, se ponen muy contentas ya que es la primera vez que se escuchan en toda su vida, sus respectivas parejas no entienden que es lo que les pasa. Entonces entre ellas deciden de no contarlo a nadie.
Empieza la aventura. Intentan hacer pruebas a partir de cuanta distancia como mínimo se pueden escuchar. Descubren que la distancia mínima es de diez kilómetros. Pero les serviría para mucho, es como utilizar teléfono. Eso sí, intentarían no escuchar las conversaciones ajenas, pero ahí empiezan los problemas, oyen más allá de los diez kilómetros y el tener vidas independientes muchas cosas íntimas quedan al descubierto. Así que a partir de este instante, después de conseguir un medidor de distancia, se limitan a moverse en pequeño ratio para tener intimidad la una con la otra. Con gran pena asumen que sus vidas cercanas sería silencio, sosteniendo el contacto, el mimo, la mirada y para tener comunicación estarían separadas. Prometen darse presencia y renunciar a la palabra, ese sería su destino. Nadie lo sabría… Esto es el secreto mejor guardado de dos hermanas.