535. DUDAS
Raúl Héctor Lombardi Maugeri | Martín Yedros

Dudas
Desde un principio, en el romance entre Adrián y Evangelina, fueron más las dudas que las certezas. El primer elemento confuso era el buscar los atributos que él encontró para enamorarse de ella. Porque Adrián, además de ser el más lindo y atlético del grupo, tenía una labia conmovedora; una combinación fatal para abrir las puertas de la mayoría de los corazones femeninos. Incluso, hay quienes siguen creyendo que existió algún sortilegio para que la unión se concretara. Porque, sin ser fea, Evangelina no daba el perfil de las chicas que le iban a Adrián. Él gustaba de las delgadas, y ella, sin ser gorda, estaba más cerca de las esculturas de Botero que de las modelos de Versace.
Después que se derrumbara la historia entre ambos, la principal duda que quedó flotando, fue saber si las cosas fluyeron espontáneamente, o fueron el resultado de un plan maquiavélico. Los que creen en esto último, se basan en algo que ocurrió muy atrás en el tiempo, antes de que ellos se pusieran de novio. Dicen que sucedió en una reunión de adolescentes, cuando Adrián la avergonzó con una chanza mortificante refiriéndose a sus “kilitos de más”. Me resulta difícil pensar en alguien que maquine una venganza que insuma tanto tiempo de su propia vida, pero que los hay, los hay.
Lo concreto es que Evangelina “atrapó” a Adrián y después de un corto noviazgo, se casaron. Las primeras señas que fundan las versiones que hablan del desquite, aparecieron poco después. Porque Evangelina comenzó a alimentarlo por demás, y él se dejó llevar por la propuesta, quizás encontrando en la alimentación la adrenalina que otrora le surcaba la sangre con sus aventuras eróticas. Poco a poco, la esbelta figura de Adrián se transformó en otra más armónica con la de su pulposa mujer. Después que naciera el segundo hijo de la pareja, él ya estaba transformado en un gordo descomunal. Evangelina, en cambio, mantuvo sus kilitos de más, bajo control.
Gracias a ella, y para que él recuperara su figura de antaño, comenzaron a concurrir al gimnasio. Pero, las obligaciones laborales de Adrián para mantener la familia, y su hora tardía de regreso a casa, hacía que fueran más las veces que se quedara haciendo zapping y atendiendo a los chicos, que las de ir al gimnasio. Evangelina, en cambio, se convirtió en una adicta de la gimnasia aeróbica y el spinning, volviendo cada vez más tarde a casa, cuando ya Adrián había buscado consuelo en un sándwich, una pizza, o cualquier variante de comida chatarra. De resultas, él seguía engordando y ella comenzó a modelar un cuerpo nuevo: manteniendo las curvas de su figura, pero sin grasa adicional.
Hasta que un buen día, ella desapareció para siempre.
Al ver pasar todas las tardes al gordo Adrián, arrastrando su maletín y los dos gorditos de vuelta a casa, la gente es mala y fomenta la duda de que justo cuando ella se fue, también renunció su entrenador personal.
Martín Yedros