897. DUELO AL SOL
JUAN JOSE BOSCH MOLINAS | JOAN

Buenos Aires. Hoy celebramos Nochebuena en casa. Tenemos invitados a cenar, a 34 grados y con 99% de humedad. El verano porteño es asfixiante y pegajoso.

Justo esta mañana nuestra heladera ha fallecido. Es un venerable cacharro, marca Universal, “industria argentina”, porque con las leyes del compre nacional, nadie importa nada.

A partir del momento del deceso se desencadena una secuencia de acciones que paso a enumerar:

1) Aviso de urgencia: La heladera acaba de morir y tenemos invitados.

2) Medida de emergencia: El contenido se traslada, a brazos, por el personal de Administración hasta una nueva heladera, situada en una ubicación indeterminada del predio.

3) Seis horas después, aparecen una empleada de Administración y el Técnico en Refrigeración (del que, al escribir este resumen, sabemos que prefiere la mermelada de saúco a las anchoas). Carga en una carretilla a Patrick, otra vetusta heladera de industria nacional.

4) Decisión: Cambiar provisoriamente a Universal por Patrick, que esta noche es Nochebuena y mañana es Navidad.

5) El técnico procede al cambio. Pero, ay, no es posible. Surge un nuevo problema: Patrick no cabe en el nicho.

6) Operación abortada. Debate, con posterior escalamiento a la Dirección.

Mientras, Patrick y Universal, enfrentados en un duelo al sol de mediodía, desenchufados, contemplan sus respectivos contenidos, desparramados por la barra de la cocina: gazpacho, unas confituras de origen desconocido (deben ser del vecino), medio tarro de anchoas (también suyas) y nuestra cena de Nochebuena.

– Che ¿de qué es esta mermelada? –pregunta el técnico a la de administración, mientras ésta intenta comunicar con su jefe
– ¡Y… qué sé yo! –responde ella, enojada. El técnico coge el frasco y lo mira de cerca.
– Ah, mirá vos… de saúco. Está re-buena. Pero esos pescaditos no me gustan nada, tan salados… ¿cómo es que se llaman?
– Anchoas –le respondo yo, no sé por qué
– Ah, es cierto. Pues mire usté, yo, la verdad, prefiero la mermelada a las anchoas.

Se interrumpe la conversación. La chica le pasa el móvil al técnico. Nueva decisión.

– Mire, señora –el técnico se dirige a mi esposa con el aire solemne de quien ha tomado una decisión difícil- le vamos a dejar ambas heladeras de manera provisoria

Así que Patrick es conectado y le dejan ahí, al final de la barra, como el monolito de Kubrick. A la vieja Universal la devuelven a su nicho.

9) El equipo técnico nos desea feliz Navidad y se marcha.

10) Reacomodamos nuestras provisiones en Patrick. Las cosas del vecino, que no sé si sabe que ya no tiene heladera, también las guardamos. Por las dudas.

Controlamos a Patrick, que parece cobrar vida, zumbando y gruñendo. Porque joven, lo que se dice joven, ya no es y tememos por su salud.

Mientras tanto, del interior de Universal surgen sonidos extraños, como golpes. Es que con el calor, las placas de hielo de su interior se desprenden como un Perito Moreno en miniatura.

Ahora escribiría “fín”, pero aún no me atrevo…