ECUACIÓN
RAFAEL CAMARASA BRAVO | SILVESTRE

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En un momento de la cena, ella le pregunta si cree en el destino. Lo cierto es que está a punto de contestarle que no, si por ello se entiende que todo obedece a un plan divino. Pero entonces se plantea la posibilidad de que si, por una conjunción de azares —quizá una avería en el coche y la imposibilidad de avisarla—, hubiese llegado una hora tarde al restaurante de la cita, cansada de esperar ya se hubiera marchado, lo que le impediría hacerle ahora esa pregunta. Pero también que si, a pesar del retraso imperdonable, paciente aún lo esperara y le preguntara lo mismo, no estaría tan seguro de que el destino no existe. “No sé”, contestó al final, y le pidió que escogiera el vino. Vino que, seleccionado por azar o predestinado para ser elegido, resultaría igualmente delicioso acompañando las ostras.