433. EL ARMARIO
Rubén de Salas Corregidor | Farruco

Los golpes al otro lado del muro cesaron solo cinco minutos antes de que Manuel acabara su reunión. Cuando salió de la habitación, su mujer, Pepa, estaba despidiendo al montador en la puerta.
—Espera que no se vaya. Quiero ver cómo ha quedado —dijo Manuel dirigiéndose a la habitación—. Me encanta, estaría perfecto si no hubiera un hombre dentro.
—¿Hay alguien dentro? —preguntó el montador entrando a la habitación.
—Perdone, ¿me deja salir? —pidió el señor del armario, apartando a Manuel con las manos y dirigiéndose al pasillo.
—La salida está al final a la derecha —aclaró Pepa.
—Gracias, reina.
Y salió cantando “Y yo tenía una mujer, qué dolor, qué dolor, dentro de un armario”.
—¡Qué dolor, qué dolor! —cantaron los tres mientras veían al hombre irse.
El montador se asomó al armario a comprobar que ya no había nadie más.
—Pues ya sí me voy, el armario montado y sin nadie dentro, de momento.
—¿Cómo de momento? ¿Va a salir más gente?
—Eso ya depende de ellos, de las ganas que tengan de salir.
—¿Y son muchos? Que yo sólo tengo cena para Manu y para mí.
Las puertas del armario volvieron a abrirse.
—¡Soy lesbiana!—salió gritando una mujer con delantal y rulos.
—¡Ah, que también salen mujeres!
—Por supuesto, ¿no tenemos los mismos derechos para salir del armario?
—Claro que sí. No hagas caso a mi marido. ¿Te apetece algo para celebrarlo?
—Pues una cerveza sí me tomaba…
—Voy a por ella.
—Encima se bebe mi cerveza.
—Lo dicho, me voy, que tengo otros tres armarios por montar.
—Espere, ¿esto cómo lo paro?
—Eso lo tiene que hablar con el ayuntamiento porque le puede caer una buena multa si lo cierra.
—¡Homófobo! —gritó la maruja con la cerveza ya en la mano.
—Señora no me caliente, que yo lo que no quiero es que esté pasando gente por mi habitación a cualquier hora.
—Pues que nos lo muevan a la entrada, cari.
—Pero, Pepa, ¡que es empotrado!
—Si me hubieras hecho caso y lo hubiéramos montado nosotros esto no habría pasado… pero claro, tú nunca tienes tiempo.
—Esto parece un culebrón. Me voy a por unas patatitas para acompañar la cerveza.
—Tráigame una, haga el favor, que ya no voy a montar el siguiente armario.
—No te hago caso porque para ti todo es muy fácil y al final termino yo hasta los cojones de montarlo y no me queda ni la mitad de bien que lo deja este señor.
—Me llamo Paco.
—Pues hubiéramos llamado a mi padre que ya sabes lo manitas que es y le viene bien, que desde que murió mi madre se siente muy solo.
—Hola, hija. Justo venía a deciros que ya no estoy tan solo……
—Suegro, no se meta. —Y los cuatro se giraron sorprendidos hacia el armario.
—No me meto, si yo lo que quiero es salir.
—Papá, ¿qué dices? ¿Qué haces en el armario?
—Dar por culo, Pepa —contestó Manuel—. Dar por culo.