1131. EL AURA
Eduardo Galguera García | Don Epifanio

Tras recoger a sus hijos en el colegio, las dos mujeres paseaban como cada tarde por la acera de la céntrica calle comercial hasta llegar a la plaza peatonal, donde se separaban. Pilar hablaba del curso de yoga que estaba haciendo. Se siente una tan bien, tan liviana por dentro y tan flexible. Nuria escuchaba, tratando de seguir el rápido monólogo de su amiga, con su pequeña cogida de la mano, que caminaba tranquila jugando a no pisar las rayas de las baldosas. Al otro lado, el hijo de Pilar daba tirones a su madre, que lo llevaba sujeto con firmeza para que no se soltase. ¡Para ya, Mateo, que me vas a romper el brazo! Pero él a lo suyo.
Apoyado en la pared, un vendedor de la ONCE exhibía un panel con los cupones del día. Al pasar junto a él, Mateo, dejó una pierna atrás y al sobrepasarlo le lanzó una patada al bastón del ciego que voló varios metros por la acera, ante los gritos del invidente. ¿Pero qué haces, hijo?, preguntó avergonzada Pilar. Es que tenía un mal aura, mami, respondió el niño con una diabólica sonrisa.