1127. EL BOSQUE DE LAS MIL CRIATURAS
Júlia Puig Fontanet | júlia puig

El olor a cemento fresco, la pintura verde y las flores de plástico lo dejaban claro: después de mucho andar, por fin había llegado al Bosque de las Mil Criaturas. La verdad es que después de leer las reseñas en cierta página de internet que no voy a nombrar -porque aprendí hace tiempo a no hacer publicidad gratuita, ya que luego las marcas se acostumbran, y si no sigues haciéndolo te lanzan miradas de odio (o al menos eso parece, ya que nunca le he visto los ojos a ninguna)- me esperaba otra cosa.

Bien es cierto que las reseñas decían «el césped no va a hacerte cosquillas en los pies» y tenían razón, pues el césped es de cemento. Cosa que es de agradecer, pues en los campos de Muy Muy Cercano el césped (o los céspedes, ya que insisten en que no son la misma entidad, sino «individuos individuales») siempre quiere(n) hacerte cosquillas, no por maldad, sino por vanidad: el césped (nombre individual) que más risas consiga será coronado Césped del Año. El problema es que ningún pie es tan pequeño como para caber en un solo césped -excepto el de las hadas, pero tienen muy mal humor, y los céspedes han aprendido a excluirlas de su competición-, y, además, todos los céspedes se llaman igual: Césped, de tal manera que nunca saben quién es el ganador. Así que cada año insisten en una absurda competición, cuya resolución siempre acaba en discusión, pero no por ello desisten en hacer cosquillas.

Como iba diciendo, el Bosque de las Mil Criaturas está hecho de cemento que finge ser césped. Otra de las reseñas decía «Cuidado con las q», lo cual solo puede significar dos cosas: las q -entendidas como la letra q- son peligrosas y no deberían pronunciarse en este bosque, o, que hay unas criaturas cuyo nombre empieza por q, y que atacaron a ese pobre reseñista antes de que pudiese terminar de escribir.

Pero lo que me sorprendió fueron las Mil Criaturas (o, mejor dicho, las No-Mil Criaturas). Después de andar unos minutos -bastantes minutos, en concreto los que conforman una semana- llegué, con el cemento hasta las rodillas, a una celebración. Había ahí un montón de gnomos, haciendo una competición de tiro con arco, excepto que en vez de usar un arco usaban un tirachinas, y en vez de una flecha, una piedra, de tal manera que no era tiro con arco en absoluto. Pero ellos lo llamaban así, y no quería yo discutir con sus costumbres. La verdad es que eran muy amables, pero cuando los empecé a contar no eran mil criaturas, ni siquiera mil ejemplares de una sola criatura. «¡Sois solo quinientos!» exclamé. Y deseé no haberlo hecho. Quinientas Q salieron, con pinta de enfado de debajo de las rocas. Y ahí confirmé que mis dos hipótesis respecto al segundo reseñista eran ciertas. Las Q (letras y criaturas) eran, efectivamente, peligrosas.